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La incalculable diversidad de la lengua

clarin.com

Por Miguel Espejo

En esta época marcada al rojo vivo por el instante, al punto que la disolución de las percepciones de pasado y futuro parecen preanunciar la liquidación del tiempo histórico, resulta difícil conjeturar que el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española, a realizarse en Córdoba los últimos días de marzo, vaya a tener similar cobertura mediática internacional que la polémica sobre los subtítulos de la multipremiada película Roma de Alfonso Cuarón.

Pocos años después de aquellos en los que se sitúa el excelente film de Cuarón, viví en Colonia del Valle, el barrio vecino a Colonia Roma, de tal forma que yo, una especie de exiliado “bilingüe argenmex”, no tuve dificultades para comprender los numerosos giros idiomáticos y mexicanismos que Cuarón utilizó para escribir el guion, sin olvidar que algunos diálogos son en mixteco. La decisión de Netflix de subtitular en español el film según el área geográfica ofrece varios motivos de reflexión. Después de las protestas, Netflix decidió borrar los subtítulos que traducían al español peninsular los diálogos dichos en “mexicano”. ¿Una decisión correcta?

¿Es factible disponer de una regla general? Absolutamente no, porque hay películas que por su estética y lenguaje pueden prescindir de cualquier traslado a los diferentes castellanos que se hablan en el gran espacio hispanoparlante.

Sin embargo, la polémica ha tocado un punto central de nuestro idioma: su incalculable diversidad. El vasto territorio sobre el que reposa el español y que se extiende por todo el planeta, al punto de haberse convertido, en menos de un siglo, en el segundo idioma hablado del mundo, antes que el inglés, impide cualquier simplificación. El mandarín precede a ambos por el número de parlantes. Dicho sea de paso, China ha emprendido, para todas las comunidades de otras lenguas, un aprendizaje forzado del mandarín, delineando sus fronteras imperiales y/o nacionales con un sentido geopolítico.

Por suerte, la lengua escapa al registro homogéneo de los estados totalitarios. El poder del Imperio Romano no bastó para que el latín, la lengua del Lacio, se mantuviera sobre el territorio que controlaba.

Nuestro idioma es un derivado de este desmembramiento. El lenguaje, al igual que lo viviente, no puede dejar de estar siempre en movimiento, como si al ser humano le fuera necesario ejercer, en cada oportunidad, lo que Van Gogh llamaba “la potencia de crear”.

Octavio Paz, cuando efectuó la apertura del Primer Congreso Internacional de la Lengua Española, realizado en Zacatecas (México) en 1998, escribió, con la sutileza que lo caracterizaba: “Cada palabra, al mismo tiempo, dice y calla algo. Saberlo es lo que distingue al poeta de los filólogos y los gramáticos, de los oradores y los que practican las artes sutiles de la conversación. Desde el principio el poeta sabe, obscuramente, que el silencio es inseparable de la palabra”.

El castellano goza de un amplísimo espectro que va del lenguaje oral a la lengua escrita, de la redacción de las leyes a la escritura poética, de un dialecto barrial a la globalización, de un estrato social a otro, y así sucesivamente, pues como lo descubriera Saussure, hace más de un siglo, las lenguas se construyen sobre sus diferencias. Todos estos temas y muchos otros han sido abordados en los distintos Congresos de la Lengua que vienen realizándose cada tres años, desde 1998, con la excepción del que se suspendió parcialmente en Valparaíso por el terremoto.

Vargas Llosa lo inauguró mencionando “los horrores de la colonización”. Se acaba de anunciar que él realizará también la apertura de este Congreso.

Argentina va a ser el primer país donde se hará por segunda vez. En 2004, en la ciudad de Rosario, fue inaugurado por Néstor Kirchner y el rey Juan Carlos. Como se recordará, España es una monarquía constitucional, cuyo jefe de Estado es un rey y el presidente del consejo de ministros es el jefe de gobierno. Los discursos de apertura fueron dichos por un brillante Carlos Fuentes y Héctor Tizón. En el acto de clausura Saramago hizo un emotivo homenaje a Sabato y el discurso de cierre lo pronunció Cristina Kirchner. Allí dijo: “En el respeto a la diversidad está la clave de nuestro tiempo”.

Ignoramos todavía si los funcionarios y organizadores del Congreso en Córdoba convocarán a las personas idóneas para discutir esta amplia problemática, aunque sí sabemos que ya hay gente que se opone a su realización porque, entre razones diversas, el rey Juan Carlos le dijo en su momento a Chávez “¿Por qué no te callas?”, aunque por supuesto no condenan los crímenes de Maduro. Otros han propuesto un Congreso alternativo. Prometieron participar allí algunos que estuvieron en Rosario, pero que hoy encuentran a Felipe VI representante del imperialismo lingüístico y aseguran que el Congreso no será “suficientemente latinoamericano”.

No sé si causa mayor sorpresa el cinismo o la ignorancia.

La encargada del discurso de la primera sesión plenaria será Nélida Piñón, novelista que supo ser presidenta de la Academia brasileña de Letras. Otra extraña elección.

Miguel Espejo es escritor y ensayista.

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