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Por qué la ciencia no se escribe en español

El inglés es la lengua de la ciencia y los científicos no ven mayor problema en eso. Pero creen que es importante utilizar el español para que la gente conozca los trabajos.

 

lavoz.com.ar

Por LUCAS VIANO

Más de 460 millones de personas en el mundo tienen al español como su idioma. Es la segunda lengua más hablada en el planeta detrás del chino mandarín. El próximo Congreso Internacional de la Lengua Española (Cile) que se realizará en Córdoba, debatirá sobre los destinos de nuestro idioma.

Dentro de esa discusión quizá sirva darle un espacio a la ciencia y a la tecnología, cada vez más presentes en la vida cotidiana. Pero la participación del idioma español en la producción científica es marginal.

Entre 2005 y 2010 se publicaron más de siete millones de artículos científicos indexados por Scimago. El 97 por ciento fueron escritos en inglés. El español es la quinta lengua utilizada con apenas el 0,24 por ciento. Para muchos no sólo es una batalla perdida, sino que ni siquiera hay que disputarla. El inglés es y será el lenguaje de la ciencia.

Una razón de que se publique en inglés, es que el sistema científico es global. Para publicar, científicos de Argentina deben someter su trabajo a una revisión de pares investigadores. Lo mismo ocurre en un congreso internacional. Todos deben hablar el mismo idioma.

“Así como en la antigüedad se usó el latín para transmitir los conocimientos, en los últimos siglos, mediante el poder de la imprenta de potencias anglosajonas, eso fue cambiando desde el alemán al inglés. Hoy no se discute que debe haber un idioma universal para las ciencias, justamente para su mejor control y diseminación”, comenta Hugo Luján, investigador del Conicet y de la Universidad Católica de Córdoba (UCC).

Ricardo Pautassi, investigador de Conicet en el Instituto Médico Mercedes y Martín Ferreyra, cree que el problema no es el español como lengua. “No le veo mayor problema. Obviamente al interactuar con colegas de diversas partes del mundo no todos hablan español, o no lo hacen de manera fluida, por lo que hay que buscar un idioma común”, apunta.

Para Humberto Debat, investigador de Conicet en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta), publicar en inglés es una oportunidad. “No restringe el acceso a la información científica; de hecho la amplifica y es la única alternativa para que colegas de otras partes nos descubran y viceversa”, comenta.

Debat pone el ejemplo de los sistemas de medidas. La comunidad científica internacional utiliza el sistema métrico, por lo que investigadores de EE.UU. o Inglaterra, que usan yardas y libras en su vida diaria, deben adaptarse al metro y al kilogramo.

Aunque existen revistas científicas en español, son publicaciones marginales. Y la realidad es que incluso el sistema científico argentino premia a los investigadores que publican en revistas de prestigio, todas redactadas en inglés. El Scimago Journal Rank es una forma de medir ese prestigio. Lo encabeza Nature Reviews con 34,9 puntos.

Nature tiene 17,87, en el 25° lugar; y Science está 41°, con 14,14. La mejor revista argentina y escrita en español es Ameghiniana, con 0,6.

Divulgar en español

Luján, bioquímico especializado en microbiología, ha publicado sus trabajos en Science y Nature, pero también escribe algunos trabajos para revistas en español. “Sirven para difundir la información a personal especializado que no se lee en otros idiomas. Pero no publico resultados específicos ya que el nivel de revisión es bajo por falta de preparación y conocimiento actualizado de los evaluadores”, explica.

Debat asegura que el Inta realiza mucha producción científica en español. “El conocimiento creado en una primera etapa (y generalmente publicado en inglés) es transferido a informes, manuales o estrategias de manejo publicados en español y destinados a productores y ciudadanos en general”, dice.

Pautassi trabaja en psicología y en la problemática de las adicciones, temas sensibles y que deberían llegar a los profesionales. “Los artículos científicos son muy complicados en sí mismos. Pero si podemos generar más ciencia aplicada y que los científicos interactúen con las necesidades de la sociedad, no es tan relevante que el paper esté en inglés”, comenta.

El psicólogo cuenta que los integrantes de su laboratorio dan charlas para el público, capacitan a profesionales de la salud y participan en intervenciones en escuelas para prevenir adicciones, además colaborar en medios de comunicación.

El rol marginal del español en la ciencia se contrapone con el protagonismo que tiene en otros ámbitos como la música, el cine y la literatura. Y mientras algunos anglosajones observan este avance como amenaza, los hispanos reflexionamos poco sobre el impacto que puede tener una ciencia escrita en inglés.

Problemas con el idioma en los laboratorios

Acostumbrados a investigar en inglés, Debat reconoce que a veces le cuesta encontrar las palabras en español para explicar lo que realiza en su laboratorio. “En una entrevista estuve un rato hasta que me salió ‘bichito de luz’ en lugar ‘firefly’. Nunca lo había leído en español”, cuenta. Luján también cuenta un ejemplo: “Me pasé meses tratando de nombrar un gen con una sigla que sea fácil en inglés. Resultó sencillo: Cyst Wall Protein o CWP. Es muy arduo decir en español ‘Proteína de la pared del quiste del parásito Giardia lamblia’”.

 

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