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Los babazorros blanquiazules

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Muchos gentilicios y nombres despectivos de grupos humanos se empiezan usando con intención de menosprecio pero terminan resultando cariñosos en algunos contextos; o al menos neutrales.

Eso, que en lingüística se llama “resemantización”, ocurrió por ejemplo con la palabra “jesuita”, nacida ya con un tinte peyorativo en el siglo XVI para descalificar a los miembros de la Compañía de Jesús, a quienes se acusaba de apropiarse indebidamente del nombre del hijo de Dios. “¡Es un jesuita!”, le decían a cualquiera de sus integrantes. Y con el tiempo, los propios miembros de esa orden religiosa terminaron autodenominándose así.

Lo mismo ha sucedido con el término “sudaca”, que en ambientes de confianza se usa ya de forma cariñosa. Incluso se creó hace años en Madrid un movimiento femenino autodenominado Sudacas Reunidas, para reivindicar el término. Lo encabezaba la escritora uruguaya Carmen Posadas, y hasta otorgaban un premio al Sudaca Excepcional de cada año.

En el ámbito del fútbol se dan casos similares. Los “vikingos”, “merengues” y “merengones” madridistas, los “colchoneros” o “indios” atléticos, los “culés” azulgrana (culones)… toman ahora esos nombres como designaciones identitarias más que como insultos o referencias despectivas.

Un adjetivo que ha venido a sumarse a tales casos es “babazorro”, con el que se designa a los seguidores del Alavés. La academia de la lengua vasca, la Euskaltzaindia, señala que se trata de una voz vascongada que significa “saco o costal de habas” (“baba” es haba; y “zorro”, saco). Y que en sentido figurado equivale a “tonto”, “simple”, “bobalicón”. Esa academia recoge una cita que dice: “Llamamos jocosamente a los alaveses babazorros por la mucha haba que allí se coge y se come”.

Sin embargo, el Diccionario de la Real Academia Española adjunta a esa palabra una posible etimología catalana: de “varvassor” (vasallo).

“Babazorro” figura desde la primera edición de Diccionario académico (1726) con esta definición: “Nombre que jocosamente se da a los que nacen y son de la provincia de Álaba” (con be).

Pero a continuación precisa que en Aragón se llama así al bobo que presume de agudo y sagaz. (Esta acepción aragonesa hace verosímil por tanto el origen catalán, por vecindad).

Sea una u otra la etimología, ambas Academias marcan un tinte despectivo del término; pero tanto el propio club como sus seguidores han adoptado también ese nombre con orgullo. Y el resto de la afición lo emplea como cariñoso y simpático. Estamos, pues, ante otra resemantización.

Así que, para los babazorros del Alavés, un gran abrazo de vuestro vecino de Burgos.

 

 

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