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Lenguaje inclusivo: ¿Espectadores o motores del cambio?

elfenixdigital.com

Aun cuando la RAE (Real Academia Española) desconozca y desestime este nuevo lenguaje, lo cierto es que bastará que el tiempo pase para saber si este nueva forma de expresarse se impone como otros cambios en nuestra forma de hablar y escribir. Es cierto que el lenguaje ha cambiado y sigue transformándose, sino estaríamos ante la presencia de un fósil, un mero objeto de estudio, una pieza de museo y no una tecnología que necesita adaptarse al progreso humano.

En el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española realizado en los últimos días de marzo en la provincia de Córdoba, la escritora María Teresa Andruetto, en un discurso que circulo rápidamente por las redes sociales hace referencia en uno de sus apartados al lenguaje inclusivo, en clara oposición a lo declarado a la prensa por la Academia: “el Congreso de la Lengua se ocupará del presente del español, pero no discutirá sobre lenguaje inclusivo”, en clara oposición a ese mismo presente que reclama a gritos revisar ciertas normas.

Andruetto señala entre otras cosas que “claro que corremos riesgos de que el lenguaje inclusivo se vuelva pura corrección política. Claro que no sabemos qué pasará con la literatura, ni si es posible escribir en lenguaje inclusivo de un modo lo suficientemente cargado de ambigüedad como para conservar la función poética del lenguaje, de un modo que además de hacernos pensar, nos conmueva, nos emocione, nos complejice” pero agregó que “en la lengua se libran batallas, se disputan sentidos, se consolida lo ganado y los nuevos modos de nombrar ?estos que aparecen con tanta virulencia ? vuelven visibles los patrones de comportamiento social. Palabras o expresiones que llegan para decir algo nuevo o para decir de otro modo algo viejo, porque el lenguaje no es neutro, refleja la sociedad de la que formamos parte y se defiende marcando, haciendo evidente que los valores de unos (rasgos de clase o geográficos o de género o de edad…) no son los valores de todos”.

 

Opiniones locales

Agustina Julianelli, profesora en escuela secundaria, Lic. en Letras de la UBA, al ser consultada sobre el lenguaje inclusivo señaló que “Cuando surgió esta cuestión -hija directa de la creciente ola feminista que enhorabuena vino a cachetearnos y despabilarnos un poco a todos- mucha gente y en distintos ámbitos me hacía la consiguiente pregunta de rigor: “y vos… ¿qué opinás del lenguaje inclusivo?”. Debo confesar que me es difícil sentar una postura: soy mujer y estudié Lengua” y agrega que “como Licenciada en Letras podría decir varias cosas. En primer lugar que la lengua es mutable e inmutable (obviamente eso lo dijo alguien antes que yo, pero no pienso citar gente para no aburrir a nadie. Igual la lengua es un sistema de citas… y eso tampoco se me ocurrió a mí). Es decir que ningún hablante hará que cambie proponiéndoselo, pero esta sí cambiará a través del  tiempo. Pero se necesita mucho tiempo para que algo así suceda. Siempre ofrezco el mismo ejemplo: lo que hablamos nosotros, que podríamos definir como castellano rioplatense, es nada más y nada menos que una evolución del latín vulgar. Una evolución que tuvo lugar luego de cientos y cientos de años de gente hablando. Y me refiero a gente común hablando en la calle, nada de eruditos escribiendo cosas encerrados vaya a saber en qué torre de marfil. Podría alguien objetar que el vertiginoso desarrollo de las comunicaciones que estamos viviendo en la actualidad puede ocasionar que procesos evolutivos de ese tipo se aceleren, sí, pero de todos modos el fenómeno en cuestión es muy reciente. Hasta ahí entonces: lenguaje tradicional (¿o debería decir “patriarcal”?) 1 – lenguaje inclusivo 0″.

Julianelli por otro lado dijo que “también es verdad que la lengua refleja las estructuras de pensamiento posibilitadas por la cultura en la que vivimos. Hay realidades que no designamos porque no nos interesan. Siempre ofrezco el mismo ejemplo acá también: los esquimales creo que diferencian algo así como 30 tonalidades de blanco básicamente porque blanco es el medio en el que viven y en eso les va la vida. Nosotros distinguimos muy pocas y solo en calidad de fashion victims. Estaría siendo muy ingenua si me quedo con eso de que “hay realidades que no designamos porque no nos interesan”, también hay realidades que no conviene que veamos y las expulsamos (o nos hacen expulsarlas) más allá de los límites de la cultura en cuestión porque de esta manera las invisibilizamos. En este sentido, la lengua es un sistema de signos y hay gente que dijo (sigo sin citar) que todo signo es ideológico. En resumidas cuentas: hay determinados grupos que a través de la lengua te imponen qué pensar. Que en el castellano el género no marcado (es decir aquel que se usa para abarcar varones y mujeres) sea el masculino quizás hable de una cultura en donde el hombre tiene visible e innegable preponderancia y privilegios. No sería muy descabellado como hipótesis inicial. El lenguaje inclusivo vendría entonces a denunciar esta cuestión. Y ya en este punto estoy hablando como mujer. De modo que: lenguaje patriarcal 1 – lenguaje inclusivo 1.”.

La profesora en Comunicación Social, Julieta Palvi al respecto señaló que “no me opongo al lenguaje inclusivo porque entiendo que el lenguaje (o la lengua)  es una construcción social y, sobre todo, cultural, y que siempre está dada dentro de determinados contextos, como en este caso la lucha feminista” y agregó que “personalmente no me acostumbro a usarlo, pero celebro que otros lo usen y lo re-construyan continuamente”.

Al consultarle a Julianelli sobre si es difícil para la academia aceptar la evolución del lenguaje comentó que “claro que sí. Nos hemos reído mucho con algunos alumnos del lema de la RAE que es “limpia, fija y da esplendor” porque suena más a slogan publicitario de un producto como Cif o alguno afín…  Es importante ver ahí una deliberada posición ideológica: que aparezca la palabra “limpieza” quiere decir que ellos ven cierta posibilidad de que la lengua se “ensucie” y eso lo hace la gente común hablando en la calle que ya mencioné antes, es decir, los agentes del cambio lingüístico”, y puntualiza que “esos tipos de la RAE son muy conservadores, aunque hay que reconocer que últimamente han hecho grandes esfuerzos por “modernizarse” y mostrarse favorables a ciertos cambios que se imponen por la prepotencia del uso. De lo contrario, podría llegar a suceder que los de la RAE y nosotros, le gente común, terminemos hablando dos lenguas diferentes como sucedió en un momento de la historia con el latín que se hablaba en la iglesia y el latín vulgar. Sin embargo, en esta cuestión del lenguaje inclusivo se han manifestado en contra porque les parece “una solución precipitada”. Como estudiante la lengua los entiendo. Como mujer no”.

El lenguaje es algo vivo, que se adapta y transforma. Ser testigo de esas luchas, de esas metamorfosis hacia una evolución debería ser motivo de celebración. Celebrar por ser parte de ese tiempo histórico, de ese  espacio-tiempo en que los cambios pueden verse a simple vista. Vale la pena seguir pensando que el debate nos informa, nos quita el miedo y por sobre todas las cosas nos anima pensar que aun siendo los peones del sistema seguimos siendo los que a mediano o largo plazo cambiamos y hacemos evolucionar la lengua.

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