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Periodista, luego existo como varón

zonafranca.mx

Por Enrique R. Soriano Valencia

Hace unas semanas terminó el VIII Congreso de la Lengua. En una de las ponencias participó una escritora que definió a la lengua como patriarcal, diferente de machista. Semanas antes, tuve el encuentro con una funcionaria de la Administración Pública que aseguró: «Lo que no se nombra, no existe». Leo también un manual de lenguaje inclusivo y surge la necesaria conclusión: se está viendo el idioma como un sistema esquemático, se le está conceptuando de forma ahistórica y se le culpa de un aspecto cultural del que solo es reflejo.

Históricamente, el masculino gramatical se asocia con el genérico de la especie. Todo ello por una tradición patriarcal. Incluso al Dios se le conceptúa con varón, pero eso es solo por la tradición judeo-cristiana de verlo así. Ese concepto social, históricamente hablando, siempre ha sido patriarcal. Los varones en sociedad son los que desarrollaron la actividad. Pero eso no es exclusivo de la humanidad, la mayoría de los animales, con raras excepciones, así actúan: los machos son los dirigentes. Una mujer lideresa (recuérdese a Juana de Arco) es útil mientras resuelve; pero después, no se acepta. Entonces, el machismo es cultura, no es responsable el lenguaje, sino un reflejo del mismo proceso histórico.

Estoy consciente que ello ha generado una cultura hacia el machismo. Eso no lo puedo negar. No obstante, es falso, es llevar al extremo, el concepto de que «lo que no se menciona no existe» (al menos en este contexto). En el idioma existen muchas referencias a las mujeres en distintos contextos (mujer, hembra, sexo débil –aunque esto está cambiando–, chicas, niñas, chiquillas, etc.). Por lo que decir que no existe porque no se menciona, es una aseveración falsa: ahí están, sí están contempladas en el idioma.

Además, se visualiza de forma simplista la estructura de los sustantivos: todo lo que termina en ‘o’ es masculino y las terminaciones en ‘a’ es femenino, argumentan sin fundamento. Entonces, qué pasa con los vocablos ‘periodista’, ‘dentista’, ‘víctima’, ‘jirafa’, águila’, ‘pianista’, ‘ebanista’, etc. Acaso, ¿en ninguno de ellos está conceptuado el varón?

Si alguien me llama ‘periodista’ no me siento excluido por ser un vocablo terminado en ‘a’. Me parece que es aplicar razonamientos donde no corresponden. Porque hable de ‘las jirafas’, ¿estaré negando la existencia de machos en esa especie? ¿Deberé dictar una conferencia donde enuncie «Las jirafas machos y las jirafas hembras…» para poder abarcar todo el conjunto de jirafas y que me entiendan los asistentes?

Los desdoblamientos que proponen los manuales de estilo de lenguaje incluyente son retorcimientos poco naturales al idioma. En vez de facilitar, complican la enunciación.

Me uno al combate al machismo (incluso en mi muro de una red social el pasado diciembre propuse muñecas y color rosa en los juguetes para los niños; por cierto, muy pocos de los contactos coincidieron con ello). El lenguaje (su evolución) irá reflejando el avance en este sentido. Pero la estrategia no es al revés; trastocar históricamente el lenguaje para combatir el machismo es –como casi siempre en todos los grandes problemas– luchar en la superficie y no en el fondo. El machismo se combate en la sociedad, con educación. Por ello, soy periodista a mucha honra… aunque el vocablo no termine con vocal o.

 

 

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