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Lenguaje inclusivo ¿Derecho o moda?

La batalla se libra en diversos frentes: redes sociales, en lo académico, lo político, lo educativo; en la vida cotidiana no es un fenómeno nuevo y se remonta a varias décadas atrás. ¿Qué hay detrás de esta disputa?

 

contenido.com.mx

Por Alberto Círigo

“¡Hola chicos! ¿Cómo están? Vamos a comenzar…”, así inicia sus clases, de lunes a viernes, en una primaria pública en la zona norte de la Ciudad de México, la profesora Patricia Domínguez, una capitalina de 48 años de edad quien aprendió en su niñez que los sustantivos genéricos masculinos del español también incluían a las mujeres; así, cuando sus maestros se dirigían al grupo con palabras como “alumnos”, “todos”, “niños”, ella nunca se sintió marginada. Por esta razón, ahora que también imparte clases, no considera necesario saludar a sus alumnos con el llamado lenguaje inclusivo. Esto es, hacer el desdoblamiento “chicos y chicas”, “niños y niñas”, “todos y todas”, “alumnos y alumnas”. La maestra Domínguez asegura que no hay ambigüedad pues “si necesito ser más específica, digamos cuando quiero poner un bailable, anuncio: ‘las niñas zapatean, los niños mueven el pañuelo’, y cuando requiero que ambos hagan el mismo movimiento digo simplemente ‛todos’ y no hay confusión”.

*“No me gusta que me digan médica”, dijo a Contenido una reconocida médica veterinaria y patóloga de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM. “Al hacer esa distinción de género nos pueden relegar, nosotras somos médicos veterinarios, y yo en lo personal, soy patólogo, no patóloga. Aquí en la Facultad tocó una ocasión que nos trajeron un caballo de alguien muy importante. Había que hacerle una autopsia y quienes lo trajeron eran del Estado Mayor Presidencial. Sólo que el militar al mando esperaba encontrarse con un médico hombre, no mujer. Me anunciaron como ‘doctor’, y cuando me vieron llegar pusieron objeciones. Le dije claramente: ‘soy médico, soy patólogo y puedo perfectamente hacer la autopsia a este caballo’. Y lo hice. Pero no me gusta que hagan esa distinción, ni siquiera en el caso de los presidentes, no debe decirse presidenta, es presidente, que significa ‘el que se sienta al frente’”.

*Dez Vértiz egresó de la carrera en Lengua y Literaturas Hispánicas y se define como “trans, no binaria”. Se interesa especialmente en el llamado lenguaje inclusivo, incluyente o no sexista, no sólo porque cree que es el mejor instrumento para hacer evidente su identidad, invisibilizada por lo que considera un idioma misógino y androcentrista, sino también porque es el tema de su tesis de licenciatura. Vértiz es de la idea de que en español se debería contar con un “único y auténtico uso del neutro en el lenguaje y no con un masculino genérico ni con un desdoblamiento. Las personas necesitan ser tratadas dignamente, incluso en el lenguaje, y es por eso encuentro en el género neutro es una opción para el futuro”, de manera que en su idiolecto utiliza mayoritariamente la letra “e”.

*En Argentina, durante la controversia por la legalización del aborto, los jóvenes hicieron patente su postura y su uso del lenguaje; incluso fueron llamados por la prensa como “los jóvenes que hablan con la e”. Para ellos, el asunto va más allá de los calificativos, se trata de un lucha cultural para incluir a “todes aquelles” que se sientan fuera del binarismo (hombre-mujer), pues consideran que todo aquello que no se nombra, no se ve. De ahí que utilicen frases como “Les diputades deben votar”, “les padres que no estén de acuerdo”, “les compañeres deben sumarse”.

*En España levantó controversias la postura de la ministra Carmen Calvo para modificar la Constitución española, pues considera necesario cambiar el masculino genérico porque no engloba el femenino en muchos de los artículos de esa ordenanza. Más allá de la natural oposición de la Real Academia Española por cuestiones que supone meramente gramaticales, el asunto no resulta tan simple porque implicaría reformas constitucionales y convocar a nuevas elecciones por la forma en que está redactado dicho documento constitucional.

*Otro frente en la batalla del lenguaje se dio el año pasado cuando la editorial argentina Ethos publicó El Principito de Antoine de Saint-Exupéry con una versión inclusiva de este clásico; ese mismo año se editó para distribuirse por Amazon una versión feminista, La principesa, la cual puntualiza que se trata de una adaptación de la obra del escritor francés que, a diferencia del original, presenta equidad en cuanto al número de personajes masculinos y femeninos. Además del protagonista, el narrador, un piloto aviador se sustituyó por una pilota aviadora y la rosa fue sustituida por un clavel.

El famoso masculino genérico

¿Qué dice la gramática?

De acuerdo con el precepto académico, “los sustantivos masculinos no sólo se emplean para referirse a los individuos de ese sexo, sino también, en los contextos apropiados, para designar la clase que corresponde a todos los individuos de la especie sin distinción de sexos”. Gramática, RAE, 2009

¿Qué dicen los que están en contra?

Invisibiliza a las mujeres.

Fuente: FUNDÉU

Entre arroba, x y e

Los casos anteriores son una pequeñísima muestra de las batallas que en nombre del lenguaje inclusivo se libran en carteles, bardas, redes sociales, blogs, sitios de internet, medios de comunicación, países, gobiernos y vida cotidiana. Ya casi nadie se sorprende al encontrar la sustitución del masculino genérico por signos tales como @, x, e, pero esto no quiere decir que no existan acalorados debates por su uso.

“Al hablar de lenguaje inclusivo habría que distinguir dos cosas: uno, la manera de escribir, sobre la que todavía no hay un acuerdo y que tiene sus complicaciones en español y, la segunda, la conciencia lingüística de los hablantes, que consideran que en la lengua se observa cierta desigualdad social de un género que se refleja en el lenguaje”, apunta la doctora en Lingüística Violeta Vázquez Rojas Maldonado, investigadora del Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México (Colmex).

Este debate no es de ninguna manera reciente. Al menos desde la década de los ochenta del siglo pasado, en Estados Unidos apareció un Manual de la escritura no sexista dirigido a editores, escritores y oradores públicos, el cual pretendía establecer un lineamiento para el lenguaje público.

En los noventa empezaron a popularizarse algunas expresiones tales como “compañeros y compañeras” para sustituir al masculino genérico (compañeros), al que estimaban como una especie de invisibilizador de las mujeres.

La llegada del siglo XXI estuvo marcada por la efervescencia de “todos y todas”. En México, con el arribo de la alternancia y la presencia del entonces presidente Vicente Fox, también cambió el discurso político y aparecieron “mexicanas y mexicanos”, “chiquillas y chiquillos”, “diputadas y diputados” y un largo etcétera que no estuvo exento de burlas y oposiciones que ahora “todos ven normal”.

Otro sector empezó a pugnar por una diagonal que incluyera también el femenino (amigo/a, alumno/a, maestro/a), y de igual manera empezó a popularizarse, sobre todo en el lenguaje escrito, el uso de la arroba (@) símbolo que incluía la “a” del femenino y la “o” del masculino. Después apareció el uso de la x, cuya pronunciación aún se presta a múltiples confusiones.

Seguramente todavía algunos recuerdan la peculiar manta que en septiembre de 2018 daba la bienvenida a los funcionarios electos del partido de Nueva Alianza en Hermosillo Sonora: “Primer Encuentro con Diputadxs, Presidentxs, Sindicxs y Regidorxs Electos”, y que fue motivo de burlas en redes sociales.

Últimamente domina la presencia de la “e” como una alternativa que contiene, a decir de sus promotores, el masculino, el femenino y el neutro. Cómo olvidar los ejemplos de los jóvenes en Chile o en Argentina que utilizando esta terminación buscan hacer.

A esta toma de conciencia lingüística –por llamarla de algún modo– se le ha llamado lenguaje inclusivo, el cual despierta encendidos debates en la lengua española, sobre todo entre dos grupos: uno encabezado por la Real Academia Española y sus pares en otros países de habla hispana, pero también en otros puntos del planeta (Ver Academia francesa acepta la feminización) y el otro grupo compuesto por feministas, colectivos de diversidad sexual y de género, instituciones y gobiernos.

El fondo de la cuestión es contra el llamado lenguaje androcéntrico y machista como le llaman diversos grupos que se sienten ignorados, marginados y excluidos del lenguaje (Ver El famoso masculino genérico).

Dez Vértiz explica que “no es un intento de las persones que lo hablamos para forzar a otres. De por sí a nosotres nos forzaron a creer que el masculino genérico era lo último y único que existía para comunicarse. No queremos lavar los cerebros, estamos diciendo que es una opción porque incluso existen muchas persones que utilizan solamente el desdoblamiento de género (masculino-femenino), y hay gente que usa los tres porque quiere evidenciar que existimos las persones no binarias”.

¿Se puede llegar a un acuerdo? Vértiz considera que es posible si se empieza por explicarle a la gente que aunque gramaticalmente en el español sólo existen dos géneros (masculino y femenino), para referirse a los humanos se debe superar esa característica machista y pensarse en cómo ponerse de acuerdo. “Mi forma de concebir el género neutro va a ser muy distinta a la de otro hablante… vamos a tener que trabajar para que estemos todes de acuerdo”, dice como buen lingüista.

 

Políticamente correcto

La discusión del lenguaje inclusivo no es algo reciente, hace al menos dos décadas la ONU recomendaba el uso de la expresión “niños y niñas”, y a lo largo de los años ha publicado distintos manuales para que su personal utilice un “lenguaje inclusivo en cuanto al género”. Esto se consigna en los seis idiomas oficiales que maneja la organización.

En México, diversas dependencias federales y estatales se han dado a la tarea de formular manuales y políticas que tienen que ver con intentos de dar voz a poblaciones y grupos que usan el lenguaje para manifestarse.

La doctora Vázquez Rojas afirma: “Es innegable que hay un sistema patriarcal y que hay una desigualdad estructural entre mujeres y hombres, la cual se refleja en muchísimas prácticas sociales (la brecha salarial, repartición de las tareas no remuneradas, etcétera), la pregunta es: ¿qué tanto se refleja eso en el uso cotidiano de la lengua? Creo que eso es innegable; las prácticas sociales terminan cristalizándose en muchísimas prácticas lingüísticas”.

“Es imprescindible, necesario, dar visibilidad a la mujer en términos lingüísticos, pero una lengua no se habla por decreto y no se habla por imposición, lo que hace la Academia, con su carácter fundamentalmente descriptivo, es ver cómo estas modificaciones que se dan en la lengua son registradas”, señala en entrevista para Contenido Gonzalo Celorio, director de la Academia Mexicana de la Lengua.

El también escritor procura mostrar una postura sensata pese a lo candente del tema. Se muestra receptivo a lo que ocurre en la lengua y le parece saludable. No obstante, establece: “La Academia vela por la gramaticalidad, que es la estructura misma de nuestra lengua: si yo digo ‘las y los consejeros’ estoy cometiendo una falta de concordancia porque ese ‘las’ queda suelto, no coincide con consejeros, tendría que decir ‘las consejeras y los consejeros’”.

La exitosa escritora española Julia Navarro, autora de las novelas La hermandad de la Sábana Santa y Tú no matarás, se muestra poco partidaria del llamado lenguaje inclusivo y declara para esta revista: “El lenguaje es algo que hacemos las personas, no puede ser modificado porque los políticos o determinados movimientos políticos decidan que hay que cambiar… el lenguaje cambia todos los días porque es algo vivo, se va transformando en función de lo que los ciudadanos queremos que sea. No estoy de acuerdo en que haya que ser políticamente correcto. ¡No!, yo me pasaré toda mi vida siendo políticamente incorrecta porque quiero ser libre y parte de mi libertad es seguir hablando como he hablando hasta el momento actual”.

Celorio y otros académicos consideran que esta vertiente tiene mucho que ver con fórmulas que son más propias de un lenguaje que se maneja ante un micrófono o ante un auditorio donde es preciso, allí sí, ser políticamente correctos. Sin embargo, fuera de micrófonos ninguno de los hablantes muestra tal consideración.

El presidente de la AML advierte que la lengua no debe someterse a dicha corrección política porque se podría caer en algo coercitivo, se le quitaría toda espontaneidad y al rato hasta se podrían seguir con las malas palabras cayendo en un criterio no científico ni objetivo de descripción de la lengua. Para ejemplificar señala en son de broma que el refrán “‘el perro es el mejor amigo del hombre’, por la corrección política ahora tendría que parafrasearse como ‘el perro y la perra son la mejor amiga y el mejor amigo de la mujer y del hombre’, indistintamente y no siempre respectivamente, lo que hace que se pierda todo el sentido pujante de un refrán”.

El desdobalmiento léxico

¿Qué dice la gramática?

Su intensidad es variable y parece propia de algunos textos periodísticos, de medios oficiales, del lenguaje administrativo o de los textos escolares que del habla espontánea, la que se escucha en las calles de los distintos países del ámbito hispánico. Resulta artificioso, se trata de un “circunloquio innecesario cuando el empleo del género no marcado es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo”.

La concordancia gramatical, ante soluciones como el desdoblamiento sistemático, pasaría a ser mucho más complicada.

Fuente: FUNDÉU

¿Una moda?

La doctora Concepción Company Company, una de las lingüistas más reconocidas de habla española, dice sin ambages: “Me parece que el lenguaje inclusivo es una superficialidad, yo sé que esto va a escandalizar a cualquiera, pero, es entrar en la superficie, no meterse a fondo en el problema de cómo educar a hombres y mujeres en equidad… allí es donde tenemos que dar las batallas”. Y menciona que si estamos cuidando la corrección política entonces deberíamos meternos con “el racismo profundo, el clasismo profundo y la discriminación”.

La también autora de la Sintaxis histórica de la lengua española aboga porque se den batallas para que las mujeres tengan inserciones laborales, políticas, sociales, por lo que ella considera una “nadería” decir todos y todas, presidente o presidente, arquitecto o arquitecta”. Y ejemplifica con lo que le sucedió personalmente hace algunos años cuando la UNAM lanzó una campaña sobre la equidad de género que decía “igualdad es que te digan arquitecta”, ella mandó una carta, que nunca fue respondida, donde sostenía “igualdad no es que te digan arquitecta, igualdad es que si eres igual de bueno, te paguen igual que a un hombres, y si eres mejor te paguen mejor”.

Consciente de que desde hace varios años se han publicado manuales de uso correcto del lenguaje en secretarías y otras dependencias para darle visibilidad a la mujer porque se piensa que la redacción de los textos es androcéntrica y excluye a las mujeres, Company Company recuerda que el género masculino significa que es indiferente al género, gramaticalmente el género que discrimina es el femenino, si se pregunta “¿cuántas hijas tiene usted?” sólo refiero a las mujeres, pero si se interroga “¿cuántos hijos tiene?” incluye hombres y mujeres. Por ello, previene para no generalizar en la confusión de género y sexo. (Ver El origen de hombre).

En opinión de la lingüista y filóloga, las feministas están peleando por la zona más difícil y muy visible, “decir queridas todas, y queridos todos, o entre todas y todos podemos hacer tal cosa, va en contra de un principio de economía formulado en matemáticas (la Ley de Zipf) que aplica para muchos aspectos de la vida porque somos seres muy económicos y no vamos a gastar energía donde no habrá resultados inmediatos patentes”. Coincide con el académico Celorio en mencionar ejemplos que pueden resultar poco prácticos como el caso de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela donde todos los cargos de representación popular están “desdoblados” en masculino y femenino, “para decir algo tan simple como ‘para tener un cargo de presentación hay que ser venezolano de nacimiento’ usan un párrafo de 10 líneas que dice: ‘para tener el cargo de representación de alcalde o de alcaldesa, magistrado o magistrada, diputado o diputada, senador o senadora…’, y así en todos los párrafos; el único sustantivo que no desdoblan es fiscal, no hay fiscala. De suerte que una constitución que puede tener 60 páginas se va a 200 páginas, con 140 páginas inútiles”, afirma la filóloga.

La doctora Vázquez Rojas difiere de la llamada economía del lenguaje y apela a otras tendencias como la explicitud y la claridad para evitar ambigüedades. “No es cierto que es económico, en el lenguaje natural hay muchas fuerzas, entre ellas una tendencia a la economía, pero también hay una tendencia, igual de importante, a la explicitud y evitar la ambigüedad. El argumento de que decir niños y niñas va en contra de la naturaleza del lenguaje es completamente falso…” para la investigadora de El Colmex debe prevalecer el discurso de la claridad sobre el principio de economía.

Academia Francesa acepta la feminización

Una de las instituciones más rígidas en cuestión de lenguaje es la Academia Francesa, fundada por el cardenal Richelieu en el siglo XVII, y que hasta hace algunos años consideraba el lenguaje inclusivo como una “aberración”, aceptó, apenas en febrero pasado, la feminizacion de los nombres de las profesiones y oficios. Así, ya se podrá decir autora, cuando antes sólo se aceptaba autor; u obrera, pues sólo se aceptaba obrero; y decir ministra, porque antes sólo era válido ministro. Sin duda, un cambio notable para una de las academias más severas y conservadoras del mundo.

¿Derecho lingüístico?

La parte más volátil de una lengua es el léxico, las palabras, lo más cambiante y flexible, sin embargo, la parte de la estructura que constituye la gramática es la más duradera, y la Academia vela por esa gramaticalidad pero sin que se modifique la estructura, porque de hacerlo se hablaría otra lengua, precisa Gonzalo Celorio.

Lo interesante del lenguaje incluyente es que se trata de un esfuerzo legítimo y loable por tener una norma alternativa, “siempre habrá una discusión entre academia y feminismo; se están poniendo al tú por tú con la que se consideraba la única autoridad del lenguaje y poco a poco esta nueva norma está permeando en los hablantes comunes habrá que dar cuenta de ella y reconocerla como un cambio genuino que está ocurriendo en el lenguaje”, considera Vázquez Rojas.

Menos optimista se muestra la también investigadora Company porque “un cambio lingüístico, nunca jamás –pese a los intentos de modificar usos, hábitos y rutinas lingüísticas– se ha dado desde el poder, desde las minorías, porque la lengua es como un repositorio de rutinas heredadas, nadie quiere cambiar nada, nadie se levanta por la mañana y dice ‘hoy sólo voy a hablar en femenino…’”

Los especialistas como Company advierten sobre la diferencia entre gramática y discurso, este último puede ser muy discriminatorio mientras que la gramática tiene una neutralidad utilitaria en el discurso donde sí se debe cuidar cómo se construye.

¿Cuándo veremos estos cambios incorporados en los diccionarios? Parece un poco temprano para saberlo. Generalmente un cambio lingüístico tarda al menos tres generaciones para manifestarse en la vida cotidiana, “creo que estamos abusando de patrones un tanto ajenos a las dinámicas genuinas que han sido acumuladas por siglos, lo que no significa que para el año 2099 estas dinámicas sean otras, pero le aseguro que ni usted, ni yo, ni nadie de los que están dando la batalla por modificar la lengua lo verá. Un cambio lingüístico requiere tres generaciones aproximadamente para que se sedimente y se propague”, dice la investigadora Company.

Más optimista, la investigadora Vázquez Rojas dice que el cambio ya llegó y ejemplifica con sus hijas, alumnas de primaria, para quienes el plural masculino no necesariamente incluye a las niñas y están más acostumbradas a escuchar el desdoblamiento niñas y niños.

Ajena a las batallas del lenguaje inclusivo, la profesora Patricia Domínguez prefiere que sus alumnos aprendan a convivir en la inclusión y la cooperación “les enseño a respetar al otro, independientemente de sus diferencias, para que el día de mañana se termine con el racismo y la discriminación, independientemente del lenguaje”.

El origen de hombre

La palabra hombre proviene del latín homohominis que a su vez deriva de hominem (el ser humano), incluía hombres, mujeres, quimeras y cualquier espécimen. La palabra vir, designaba al varón. Sin embargo, en latín sí se distinguía homohominis de vir, y había los homine feminae, los seres humanos femeninos. Por razones históricas homo perdió una etimología y quedó hombre, que desde la Edad Media empieza a adquirir connotación masculina.

Fuente: FUNDÉU y Concepción Company

 

 

 

2 comments on “Lenguaje inclusivo ¿Derecho o moda?

  1. Pingback: Lenguaje inclusivo ¿Derecho o moda? — Anuario de Glotopolítica – Viri te Cuida

  2. Cuando leo les burles hacia les persones que hablan con le lenguaje inclusive, me agarra la pena…perdón, perdón…no he sido suficientemente inclusive, he querido decir “me agarra el pene”…

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