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“En la RAE sabemos de primera mano el buen nivel de la filología en el Estudio salmantino”

“A mis 16 años me sorprendió en el instituto en el que pasé un cuatrimestre en Alemania, que había una orquesta de alumnos, que se daban clases de cocina, que se comentaban las lecturas en clase…”

 

salamancatvaldia.es

Por Amador Vicente

Un ingente curriculum forma parte de la excelsa trayectoria del catedrático de Lengua Española, el salmantino José Antonio Pascual, actual miembro de la RAE y Vicedirector de su Junta de Gobierno hasta 2015 con el que revisamos diversos aspectos de uno de los principales emblemas de nuestra cultura, la lengua castellana.

José Antonio Pascual fue mi profesor de Lingüística en Filología Hispánica en la USAL. Aún recuerdo los consejos y el carácter afable y educado de un hombre que se ha erigido como uno de los grandes defensores y enseñantes de la lengua de Cervantes en las últimas décadas.

En el aprendizaje del castellano y el intento de conseguir un buen registro idiomático, ¿qué consejo daría sobre todo a los estudiantes?

Algo tan sencillo como leer. Pero previamente, habríamos de tomar a la lengua como una amiga, sin tener el menor temor ante lo que desconocemos de ella o ante lo que nos parece difícil. Solemos pensar en técnicas para mejorar las cosas, pero, antes de la técnica, hay que tener el deseo de mejorarlas. Para nadar mejor, previamente tiene que gustarnos nadar. Me pregunto si muchas veces los filólogos buscamos que los hablantes se sientan atraídos por mejorar su conocimiento de la lengua o nos creemos que eso se logra criticando a quienes la conocen mal.

ENTENTE RAE Y USAL

¿Cómo se ve Salamanca desde la RAE?

Estamos allí unos cuantos salmantinos que conocemos de primera mano el buen nivel que tiene la filología en el Estudio salmantino. Eso lo sabe también la mayor parte de los académicos. La prueba es que existe una buena colaboración entre la Academia y nuestra universidad.

En ocasiones el uso de nuestra lengua nos lleva a dudar con algunos términos. ¿Cómo utilizaría curriculum en plural? ¿Internet debe escribirse con mayúscula?

Yo suelo decir “los curriculum vitae”, pero también “he recibido muchos currículos”. En cuanto a internet, se me escapa escribir con minúscula la letra inicial, pero suelo corregirme y recurrir a la mayúscula: Internet. En este tipo de convenciones no tiene sentido discrepar de los consejos académicos, sino ir, por medio de ellos, acordes con los usos generales. En cambio, en la elección de una palabra o un tipo oración, se ha de practicar una libertad extrema, como la que aceptan a diario los escritores.

¿De qué forma justificaría la eliminación opcional de la tilde diacrítica en algunos pronombres demostrativos, que los diferencian de los adjetivos, o el adverbio sólo?

Está muy bien explicado en el manual de ortografía de la Academia y no lo podría resumir en unas líneas. Simplemente se ha prescindido de una tilde en unas formas dobles (que funcionan como adjetivo o pronombre) que se diferencian por sí mismas, sin necesidad de marcar el acento. La tilde en estos casos no aporta nada y supone, en cambio, una innecesaria incomodidad. Como en muchos otros casos, las personas que objetan estos pequeños cambios lo hacen por mera inercia, sin darse cuenta de que algo tan poco importante contribuye a debilitar la uniformidad necesaria en el empleo ortográfico de una lengua. Me gustaría que quienes actúan así me explicaran qué puede aportarles una convención que nació de un error y que, además, no sirve para nada, salvo la idea de que lo que aprendieron en la escuela emana de la naturaleza.

EL FILTRO SUPREMO

Friki, tuit, amigovio, tunear, selfi, meme, escrache, viral, baipasear… palabras incorporadas al DRAE, algunos coloquiales, otros derivados de otras lenguas.

¿Qué condiciones debe reunir un término coloquial para admitirlo en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua?

Que lo emplee un amplio número de hablantes, que se extienda razonablemente en el espacio y se acuda a él en distintas situaciones comunicativas. Pitera, en el sentido de ‘inflamación que sale en la cabeza, a causa, por ejemplo, de haber recibido una pedrada’ lo usamos los salmantinos de mi generación, pero no es una voz general, ni siquiera en España; eso explica que no se haya introducido en el diccionario. Aunque, todo hay que decirlo, ese no ha sido siempre el proceder de la Academia; así tenemos rebojo ‘pedazo de pan’,  que para mí es normal, pero no lo es fuera del antiguo reino de León. Como lo empleaba un escritor como el Padre Isla, que era de por aquí, se introdujo en el diccionario, donde ahora descansa confortablemente, ya que pocas personas solemos interrumpirlo en su siesta. Hoy, de todas formas, cuando se consultan los diccionarios en el ordenador o en el teléfono (y no han de tener, por tanto, un numero limitado de páginas), quienes los hacen pueden permitirse el lujo de tener la manga ancha y colocar cuantas palabras encuentren, claro que señalando dónde aparecen, dando cuenta de su frecuencia y mostrando en qué situaciones se emplean.

“Con la lengua hemos de hacer lo que nos apetezca. ¿Por qué no vamos a  mantener usos peculiares de nuestros pueblos?”

 

¿Está de acuerdo con Lázaro Carreter, que fuera catedrático en la USAL y director de la RAE, en esta sentencia? “El extranjerismo no es nunca un invasor, acude porque se le llama”. ¿Qué importancia le da al uso en ocasiones de barbarismos en el español?

Sí; no abrimos la puerta a esos invasores por casualidad. Hay quienes se la abren porque piensan que así quedan bien (otra cosa es que eso ocurra y que no resulten cursis); suele tratarse de neologismos innecesarios cuya vida suele ser efímera. Otros son razonables; unas veces se usan para referirse a una realidad que pretende ser más novedosa e interesante que la antigua: quien sustituyó la palabra fonda por hotel trataba de mostrar con ello que merecía más la pena estar en un hotel que alojarse o comer en una fonda (lo que, incidentalmente, explica que aquel resultara más caro). Otras veces se implantan estos neologismos para acercar nuestro léxico al de otras lenguas: en español nos referimos a textos digitales, yendo así  por el mismo camino que el inglés, el italiano, el portugués, el catalán, el gallego, el rumano, el alemán y el euskera. ¿Gana algo el francés con no querer entrar en este grupo y elegir textes numeriques?

LA GRAN EFEMÉRIDE

¿Qué piensa de las voces críticas con la celebración del Día de la Hispanidad como conmemoración del descubrimiento de América?

Las voces críticas siempre me parecen bien: es una buena higiene contra la autocomplacencia. Pero ni el pasado debería medirse con el metro del presente ni se entiende bien que, de paso, se pidan responsabilidades de lo ocurrido entonces a quienes son ahora una mera consecuencia, no su causa.

¿El castellano que se habla en Salamanca tiene alguna peculiaridad especial?

Sí, tiene sus peculiaridades: un día en una playa de la Costa Brava le pregunté a una pareja si eran salmantinos y, sorprendidos, me dijeron que cómo lo sabía: les había oído decir coge la toalla no siendo que se vuele. Ese no siendo que los delató, como a mí me delata decir que un color es muy desdolido, en lugar de que es muy sufrido. Hay un libro muy interesante con respecto a esto, del prof. Llorente Maldonado, en que encontramos bien descritas nuestras peculiaridades. No olvidemos que no es uniforme la manera de hablar en los distintos lugares de la provincia. Con todo, nuestro uso urbano se diferencia muy poco del que se practica en lo que antes se conocía como León y las dos Castillas.

Desde su experiencia, ¿cuál es el nivel de preparación de los alumnos que llegan a la Universidad respecto a otras épocas?

Hace ya siete años que abandoné la Universidad. Antes de abandonarla oía decir a mis colegas que los alumnos venían cada vez peor. Yo creo que es una generalización que debe matizarse. Si me preguntara el nivel de riqueza de los españoles actuales, no me atrevería a decir que son muy ricos o muy pobres, sino que hay de todo. Y he tenido alumnos, hace no muchos años, que ahora son colegas míos, que me dan mil vueltas en cuanto a su formación. ¿Tenía que haber dejado a estos de lado (aunque no fueran mayoría), para fijarme solo en aquellos otros que se desinteresaban absolutamente por todo?

Por otro lado, no le ocultaré que partimos de una beatífica idea sobre el pasado, con el que debiéramos ser más críticos. Me viene a la cabeza el día que nos preguntó D. Fernando Lázaro Carreter a los alumnos de primero de Letras (era el año 1959) de qué época era don Antonio Machado: varios dijeron que era del siglo XV. Y eso que quienes íbamos a la Universidad éramos una selecta minoría.

¿Aplicaría en España métodos de enseñanza de otros países?

Sí. ¿Por qué no? Lo que ocurre es que no tengo ni idea de cuáles son en la actualidad esos métodos. Pero conviene mirar qué se hace por ahí fuera, tanto por si podemos adoptarlo o si convendría rechazarlo. A mis 16 años me sorprendió en el instituto en el que pasé un cuatrimestre en Alemania, ver que se estudiaba música, que había una orquesta de alumnos, que se daban clases de cocina, que la gimnasia se hacía en serio, que se comentaban las lecturas en clase, que se escribía mucho, que se hacían numerosas exposiciones orales. Luego, a lo largo de mi vida, he ido teniendo la sensación de que quien ha estudiado en un instituto alemán o en un liceo francés lleva bastantes ventajas en su formación a la nuestra.

 “Me impresiona ver a Jero en Pasapalabra sabiéndolo todo. Y junto a Orestes, anima ver personas con tanto valor”

¿Hay diferencias en el compromiso con el español entre España e Hispanoamérica?

España y gran parte de América tenemos la ventaja (y el placer) de compartir la misma lengua y un pedazo importante de cultura. Y, por mi experiencia, veo a  los americanos que están tan interesados por seguir entendiéndonos, como lo estamos nosotros por entenderlos a ellos. Es más, cada vez nos tienta más servirnos de los usos ajenos.

¿Se abusa de los tacos en el español? ¿Qué le diría a una persona que los utiliza  con frecuencia?

Sí, se abusa. A mi padre le oí solo una vez decir un taco (de baja intensidad, además), lo que dio una fuerza enorme a lo que decía. Quien tiene por costumbre decir un taco (y yo, a este respecto, algo tengo de pecador) pierde toda la fuerza que podría tener si el taco fuera flor de un día. Lo que bien dosificado podría servir para mostrarse enfadado, se convierte en un disfraz de alguien obligado, a falta de razones, a ir argumentando con una sarta de vulgaridades. Pero hay para mí algo peor que el taco, el disfemismo, del que esta temporada han abusado tanto algunos políticos…

Usted ha sido nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de París Xlll y por la Universidad de León. ¿Le hubiera gustado recibir esta condecoración por la USAL?

Sí que me hubiera gustado. Pero habría sido imposible, porque soy ya doctor por la Universidad de Salamanca. De los título que tengo, ese es con el que más honrado me siento.

Continúa la entrevista con el filólogo salmantino, Vicerrector de la USAL hace algún tiempo y Director del Instituto Cervantes en París durante cuatro años, que no desea entrar en cuestiones polémicas como la inmersión lingüística en otras lenguas del Estado, el lenguaje inclusivo o si el escritor Antonio Gala debería estar en la RAE: “Entiendo que mi función es enseñar lo que sé. Y eso no se logra yendo a colocarme entre tirios o troyanos a propósito de cuestiones sobre las que me he pronunciado varias veces y no me apetece volver”, indica convencido.

El lenguaje de las comarcas

Conocemos su consideración con la cultura lingüística y algunas expresiones de nuestros pueblos. ¿Qué importancia le da al léxico utilizado a menudo en las comarcas y muchas de sus peculiares expresiones?

Yo me refugio a menudo en el pasado. Y lo hago también en lo que se refiere a los usos lingüísticos. Creo usar adecuadamente para desentenderme del locutor algo así como mejor vagar que tienes, que le resulta al locutor tan molesto como tú mismo o, incluso, para ti la perra gorda. Empleo adecuadamente cogüelmo y entiendo bien qué es en esa zona que me dices (Aldeadávila) una cortina. Disfruto con ello. Así doy unas pinceladas de algunos restos de la manera de hablar de mis antepasados y de quienes mantienen hoy esos usos. Pero esto es un adorno, no un descubrimiento de un bien mejor que el que supone nuestra manera actual de expresarnos. Juego con ello, no contra lo que es hoy común entre nosotros. Como no sustituyo el ordenador por la máquina de escribir, tampoco trato de hablar buscando un refugio en el pasado. Una lengua no es su pasado, es un artilugio maravilloso para expresarnos, en constante evolución. No debemos evitar lo propio, pero tampoco empecinarnos en reforzar lo que tenemos de peculiar los salmantinos.

¿Deberíamos mantener estas formas?

Con la lengua hemos de hacer lo que nos apetezca. ¿Por qué no vamos a tratar de mantener usos peculiares de nuestros pueblos? Como con la moda. Los seres humanos tratamos no solo de coincidir en lo que podamos con los demás, sino también mostrarnos distintos. Todo esto es normal. Lo que no sería normal sería utilizar lo que nos gusta, lo que nos apasiona, lo que nos motiva, como un pretexto para olvidar los cauces de la lengua común. Ese balanceo entre lo peculiar y compartido es en lo que consiste una gran parte de la relación humana.

El burgalés Orestes Barbero, estudiante de Filología Hispánica en la Universidad de Salamanca, compite con nuestro paisano y gran embajador cultural Jero Hernández en el popular concurso de Tele 5,  Pasapalabra y sorprende que a sus 22 años exhiba una portentosa cultura semántica. ¿Cómo lo valora?

Yo he visto ese programa dos veces, ambas en un bar de la playa, con mucho ruido. Me impresionó, no obstante, encontrarme en las dos ocasiones con Jero en la pantalla, sabiéndolo todo. ¡Se lo tenía tan callado! Desde entonces le hago caso  a la primera cuando me dice dónde me he de colocar en acto de la Universidad. A Orestes no lo conozco. Por lo que he oído de él pienso que me suspendería si me examinara sobre las palabras que aparecen en el diccionario académico.

Anima ver personas con tanto valor, dicha esta palabra en todos sus sentidos.

 

 

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