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Una lengua feliz

Ya lo dijo Cabrera Infante: “El español es demasiado importante para dejarlo en manos de los españoles”.

 

granadahoy.com

Por MARTÍN DOMINGO

La ley de 1987 que declara el 12 de octubre día de la Fiesta Nacional de España explica que “la fecha elegida simboliza la efemérides histórica en la que España, a punto de concluir un proceso de construcción del Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la integración de los reinos de España en una misma monarquía, inicia un período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos”. Detrás de esta alambicada exposición se esconde la realidad de la unidad de la nación bajo el reinado de los Reyes Católicos y el desembarco de Cristóbal Colón en una isla de las Bahamas, que dio comienzo a un puente cultural entre España y los pueblos de América, a través de un idioma común. El 12 de octubre conmemoramos, pues, y por encima de cualquier otra cosa, el día del español. Lo que me da pie para hablar de “La lingua feliz” (así, en itañol) el libro que he terminado en una tarde, escrito por dos lingüistas italianos, Andrea de Benedetti y Carlo Pestelli, que enseñaron durante una década en la Universidad de Granada, y que afronta con buen humor y ligereza no exenta de rigor los estereotipos que los hijos de la bota -y probablemente también de Berlusconi- tienen sobre la lengua española (y sobre los españoles en general) y provee del aparataje necesario para superarlos.

El punto de partida es la cercanía entre ambos idiomas, que es también, según los autores, la principal barrera para un correcto aprendizaje. Lo explican en la sugestiva introducción: “Nacieron en la misma cuna, pero han crecido en sitios diferentes. Comparten buena parte del patrimonio genético, pero han frecuentado amigos distintos. Se parecen mucho, pero de cerca es imposible confundirlos”. Como ocurre en España con el idioma de Dante -quién no ha puesto en su curriculum que lo habla y lo escribe mejor que el Supremo Poeta- los italianos se escudan en la afinidad de sangre para no estudiar nuestro idioma, confiando en el itañol caricaturesco nacido de las farras de Ibiza y los ligues de verano.

De Benedetti y Pestelli conducen al lector “alla scoperta” de un idioma que tiene todo lo necesario para ser apreciado: un reconocido prestigio internacional, una fonética cautivadora y una legión de 500 millones de hablantes. “Cada vez que la música del español te acaricia los oídos, parece prometerte una vida mejor”. Es “La lingua feliz”, una aproximación amistosa y cálida a nuestra cultura de dos profesores italianos que la aman y la respetan. Ya lo dijo Cabrera Infante, con su infinita malafollá: “El español es demasiado importante para dejarlo en manos de los españoles”.

 

 

 

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