Reseñas

TOSI, CAROLINA (2018). ESCRITOS PARA ENSEÑAR. LOS LIBROS DE TEXTO EN EL AULA.

Revista traslaciones

TOSI, CAROLINA (2018). ESCRITOS PARA ENSEÑAR. LOS LIBROS DE TEXTO EN EL AULA. PAIDÓS, BUENOS AIRES, 254 PÁGINAS. ISBN 978-950-129694-5

Por Florencia Baez Damiano[1]

Universidad Nacional del Noroeste de Buenos Aires

florenciabaezd@gmail.com

El libro Escritos para enseñar. Los libros de texto en el aula de la doctora en Lingüística, magíster en Análisis del Discurso y licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires, Carolina Tosi, propone un análisis de los manuales que en distintos momentos históricos circularon en las aulas de nivel secundario e indaga en los aspectos polifónicos-argumentativos determinando las regularidades y transformaciones genéricas del libro de texto. El libro –que resulta de la tesis de doctorado dirigida por María Marta García Negroni, cuyo saber especializado en teoría de la enunciación garantiza la rigurosidad del trabajo- presenta dos objetivos principales: el estudio de los libros de texto editados en la Argentina desde 1960 a 2006 y los rasgos de las políticas editoriales que forman parte de las características de los productos que proponen para la enseñanza y que repercuten en la formación de los estudiantes.

Escritos para enseñar, de 254 páginas, se organiza en seis capítulos que analizan el corpus propuesto por la autora desde distintas herramientas lingüísticas y consta de una introducción y un prólogo escrito por García Negroni, en el que vincula el aporte de esta investigación con la enseñanza del discurso académico en la universidad. Además del abordaje de los libros de texto, en los capítulos del 3 al 6 incluye el análisis de entrevistas semiestructuradas realizadas a usuarios y profesionales de la edición. También contiene un epílogo y un apéndice en el que se proponen estrategias de facilitamiento pedagógico para promover el abordaje de textos de estudio y la reflexión metalingüística. Al final del libro se presenta la bibliografía que fue utilizada para realizar la investigación y los documentos ministeriales que fueron consultados y un anexo con el corpus de libros de texto.

En el primer capítulo titulado “Los materiales didácticos en la escuela”, la autora realiza un recorrido histórico de los textos que se utilizaron para enseñar y los vincula a distintos modelos educativos, a motivaciones políticas y pedagógicas. De esta manera, describe la génesis de su objeto de estudio, el libro de texto y los métodos de enseñanza hegemónicos en cada momento histórico. Así, en la educación argentina distingue tres paradigmas y materiales de enseñanza: el catecismo, que se estructuraba a partir del diálogo entre un maestro y un aprendiz, basado en preguntas y respuestas entre un sacerdote/maestro y discípulo/alumno. En un primer momento, la autora afirma que estuvieron vinculados a los contenidos religiosos hasta que posteriormente comenzaron a trasmitir ideas revolucionarias a través de una voz autorizada e incuestionable.

El segundo material didáctico que menciona la autora es la enciclopedia escolar que se caracterizó por contener extensas secciones explicativas y breves cuestionarios que, en algunos casos, ofrecían las respuestas correctas. El tercer material didáctico es el libro de texto, que surge entre 1930 y 1950, a raíz de la alfabetización de la educación común. Los libros se estructuraban en unidades didácticas o capítulos conformados por secuencias expositivo-explicativas e instructivas. Tosi observa que esta propuesta didáctica iba en concordancia con un nuevo modelo educativo instaurado a partir de la Ley 1420 que estableció la educación primaria como obligatoria y gratuita. Los libros de texto, tanto en nivel primario como secundario, impulsaron la utilización de un libro por alumno, por materia y por año.

En el segundo capítulo, “El discurso pedagógico”, se concentra el marco teórico de la investigación y se sintetizan y articulan conceptos de análisis del discurso. Tosi expone las propiedades que caracterizan el libro de texto como género discursivo e identifica las especificidades del discurso pedagógico. Para ello, retoma los conceptos de polifonía enunciativa y la teoría de la enunciación. Tosi sostiene que el discurso didáctico constituye una práctica discursiva en la cual la propia escuela construye la cultura escolar y las disciplinas adquieren características propias que difieren de los saberes científicos, incluso crea campos académicos a partir de las prácticas escolares, como la gramática y la geografía. Este discurso pedagógico se caracteriza por presentar un estado de cosas en el que se difunden los conocimientos y se produce un efecto de aparente objetividad que suprime cualquier tipo de ambigüedad. Los libros de texto reproducen esta misma concepción y surge implícitamente un discurso políticamente correcto, que la autora revela a través del análisis de los mecanismos polifónicos-argumentativos, como la sintaxis desagentivada, las nominalizaciones, las formas de no coincidencia del decir y los modos de incorporación de la voz ajena. Asimismo, postula que una de las especificidades de los libros de texto es conservar las representaciones sobre el saber y el aprendizaje, y trascender las disciplinas.

El discurso pedagógico retoma y recrea otros tipos de discursos, como el ministerial y el científico. Según señala Tosi, los libros de texto retoman el discurso ministerial debido a que es la primera condición para que puedan circular en el mercado, pero no son una exposición de la normativa sino que son resignificados por el mercado editorial. El discurso académico está presente en los manuales a través de la secuencia expositivo-explicativa, pero tiene una finalidad diferente del que circula en otras instituciones superiores. Esto se debe principalmente a que los libros de texto tienen un objetivo didáctico; además, la autora señala que este tipo de libros presenta modos de decir pedagógicos, que no están en los textos académicos.

En el tercer capítulo, “Políticas ministeriales y políticas editoriales”, se abordan las decisiones ministeriales y editoriales argentinas que influyeron en la creación de materiales didácticos de secundario y en las prácticas docentes. A partir de entrevistas a estudiantes que utilizaron los libros y a profesionales de la edición (autores, correctores, editores y coordinadores editoriales), Tosi analiza desde un enfoque histórico el rol del Estado en las prescripciones sobre los libros de texto y el impacto de las leyes de educación sancionadas en el período abarcado.

Dentro del período estudiado, la autora considera que es posible determinar dos tipos de políticas educativas implicadas en el nivel secundario que influyen en la política editorial y en la producción de libros de texto. Una de las políticas educativas se registra con el Estado de bienestar, que comenzó en 1940, y con la elaboración de nuevos diseños curriculares para el nivel secundario (1953 y 1956). La autora realiza un pormenorizado estudio de las implicancias que tuvieron los cambios en los planes y las políticas educativas y entre ellos señala que, por ejemplo, en los años 60 los libros de texto contribuyeron con un modelo de Estado que pretendía homogeneizar y construir un saber uniforme frente a la heterogeneidad lingüística y cultural de grandes grupos inmigratorios. Los entrevistados coinciden en que la escuela incluía solo autores clásicos y construía un canon a partir de una lista de escritores consagrados. Así, transmitía un saber sólido, homogéneo y legitimado. Estos libros de texto eran elaborados por docentes de nivel medio, y si bien tenían una impronta específica para el aula se producía un distanciamiento entre la disciplina investigada y la enseñanza, situación que generaba un estancamiento en los contenidos.

El otro tipo de políticas educativas comenzó hacia los años ochenta y se consolidó en 1990 con el neoliberalismo, la sanción de la Ley de Educación de 1993 y los Contenidos Básicos Comunes de 1995. En esa nueva etapa, el Estado nacional comenzó a desligarse de la responsabilidad sobre la educación y ocuparon ese lugar los gobiernos provinciales al mismo tiempo que se delegaron la producción y el control de los contenidos a las empresas editoriales. Estas editoriales empezaron a ganar terreno y a autogestionarse, y así el libro de texto se convirtió en una mercancía más, regulada por las reglas del comercio y por la implementación de novedades pedagógicas que garantizaban una mayor rentabilidad. Como señala Tosi, los modos de decir pedagógicos se reformularon para construir un saber “moderno”, “significativo” y “democrático”, aunque no siempre se realizaban cambios pedagógicos y disciplinarios sino de mercados. En este período también analiza de manera exhaustiva la Ley de Educación de 2006 y las transformaciones que se produjeron en el sistema educativo y el ejercicio de control por parte del Estado en materiales didácticos hasta 2015.

El cuarto capítulo se titula “Los modos de decir pedagógicos”, en el que la autora analiza los rasgos propios del libro de texto y para ello recurre a dos conceptos discursivos, los modos de decir pedagógicos y los modelos enunciativos (el “modelo enunciativo pedagógico con rasgos academicistas” y el “modelo enunciativo pedagógico con rasgos provenientes de los medios y las nuevas tecnologías”). Estos recursos son funcionales a la construcción de una imagen de sujeto pedagógico y de una representación del saber y del aprendizaje, que les permite construir una legitimidad. En cuanto a los modos de decir pedagógicos analiza la función particular que tienen en el género discursivo la espacialización del saber, la construcción del locutor-autor, la tipografía, las comillas pedagógicas y los recursos con los que se construyen las definiciones. Estos recursos están al servicio de la simplificación porque intentan clarificar y orientar la interpretación. De este modo, descartan los aspectos más complejos, generan un efecto de objetividad en el lector y presentan los contenidos como verdades incuestionables. Para demostrar las características que adquieren los modos de decir pedagógicos en los libros de texto, la autora realiza un detallado análisis de una selección de fragmentos de diversos textos que le permiten sostener la construcción de un “efecto de cientificidad pedagógica” en los modos de decir pedagógicos, con la finalidad de presentar los conceptos como verdades y lograr un discurso estable.

El quinto capítulo, “Libros para ‘aprender la lección’ y libros para ‘hacer’”, aborda la construcción de la escena genérica del libro de texto, compuesta principalmente por secuencias explicativas que presentan los contenidos como verdaderos y los elementos paratextuales, en los que se encuentran los discursos ajenos, la dimensión polémica y la postura del autor. La dimensión polémica aparece también exhibida en el recurso discursivo académico como la nota al pie o en un recurso pedagógico como una tipografía menor o en una aclaración mediante un ejemplo o dato ilustrativo. De este modo, en las zonas paratextuales surgen los rasgos académicos y la dimensión argumentativa. Otra de las secuencias presente en los libros de texto es la instructiva, que aparece en una sección final con preguntas y actividades destinadas a la realización por parte de los estudiantes. Como señala Tosi y queda evidenciado a través de los análisis que realiza en el corpus, estas características modelan destinatarios y configuran efectos de sentido.

La autora estudia las diferencias que pueden encontrarse entre los libros que corresponden al “modelo enunciativo pedagógico con rasgos academicistas” (MPA) que responde a la política editorial del “canon pedagógico” (1960-1983) y el “modelo enunciativo pedagógico con rasgos provenientes de los medios y las nuevas tecnologías” (MPM) que se vincula con la política editorial de “mercantilización pedagógica” (desde mediados de los 80). Según Tosi, en el MPA los libros son estrictamente para estudiar, por ello la secuencia instructiva es limitada o no se encuentra presente. Estos libros eran utilizados para realizar una lectura de la explicación y el estudio de la teoría para “dar la lección”, que permitía controlar la adquisición de los contenidos a través de la reproducción memorística. La exposición oral no era propuesta por el mismo libro, aunque Tosi señala que formaba parte de la tradición docente y era sugerido por el currículum y los planes de estudio.

En los libros del MPM se recurre a una multiplicidad de escenografías, en las que los conceptos dejan de ser el foco de interés y se agregan los contenidos procedimentales y actitudinales, considerando que la enseñanza debía dejar de transmitir conceptos y enseñar competencias. La exposición en estos libros abandona su estructura tradicional, que promovía una lectura lineal y continua, y propone una lectura transversal, que puede realizarse en diferentes sentidos. Asimismo, se modifica la concepción tradicional de paratexto, debido a que en estas propuestas editoriales todo lo que rodea al texto puede leerse de manera independiente y deja de estar al servicio de completar la información central. Estos trozos explicativos tienden a simplificar los contenidos y requieren una menor concentración por parte del lector. Tosi sostiene que el riesgo que genera esta distribución aleatoria de información sin una jerarquización precisa es que el lector descarte información importante para la comprensión e interpretación. Por ello, es posible observar que estas propuestas no preparan a los destinatarios para lecturas académicas y géneros especializados.

Como se puede observar en los fragmentos de libros de texto que propone la autora, los MPM presentan un aumento de las imágenes y las actividades, que ocupan el lugar que antes era destinado a la teoría y a la exposición de contenidos. Las propuestas tienden a alejarse de las prácticas de estudio memorísticas y promover la lectura reflexiva y crítica, pero aun así prevalece la lectura extractiva de datos presentes en modelos anteriores. De todos modos, tampoco se promueven las actividades de facilitamiento y reflexión metalingüística, sino que se continúa con actividades contenidistas y clasificatorias.

En este mismo capítulo, la autora analiza las escenografías que se presentan en la vida escolar, entre las que menciona tres: las escenografías del aula o de estar en clase, las escenografías lúdicas y las escenografías de la biblioteca. El análisis pormenorizado de cada una de estas escenografías la lleva a sostener que los libros de texto incorporan tipos de materiales lúdicos y de biblioteca, que consisten en la inclusión de multiplicidad de textos de los medios de comunicación, artículos periodísticos, páginas, diccionarios, enciclopedias y excluyen los textos científicos especializados y las prácticas académicas. Asimismo, el libro escolar adopta el rol del docente, en la medida en que establece un diálogo con los estudiantes y motiva a los alumnos a la realización de tareas específicas. Por lo dicho anteriormente, la autora considera que los libros de secundaria se acercan más a los de primaria y se distancian de los académicos.

En el capítulo seis, “Recursos para definir los saberes”, realiza un análisis de los recursos que proponen los libros de texto para construir las explicaciones y los mecanismos que utilizan para legitimar una única lectura. Tosi distingue dos tipos de definiciones, las del tipo “A es X” o de equivalencia, que presentan una correspondencia entre cada uno de los términos y, por consiguiente, la existencia de una única verdad. El análisis está centrado en los mecanismos discursivos que tienden a sostener el imaginario de que existe una coincidencia entre la entidad y su definición. Por ejemplo, en el uso de los dos puntos para construir un glosario y dar la definición de una palabra se presenta una sola acepción del término, lo cual genera lo que la autora denomina un efecto de literalidad, en tanto se muestra un sentido como si fuera el único posible.

El otro tipo de definición es la formulada mediante expresiones metalingüísticas, que generan un efecto de objetividad y cientificidad. El análisis se detiene en los distintos tipos de comentarios: los valorativos, los metadiscursivos y los mecanismos denominativos, en estos últimos se centra la autora. Los comentarios denominativos dan cuenta del uso de discursos ajenos, pero que al utilizar distintas formas de impersonalidad se convierten en una forma de simplificación que, como la autora señala en capítulos anteriores, refuerza la legitimación de una única lectura. Tosi realiza un trabajo de rastreo de los comentarios denominativos en los corpus y los divide en “comentarios denominativos impersonales”, que logran un efecto de impersonalidad y objetividad discursiva, en tanto se omite quiénes propiciaron la acuñación de los términos y “los comentarios denominativos de personalización”, en los que es posible identificar la orientación argumentativa de los autores.

En el caso de los impersonales se seleccionan expresiones metalingüísticas en las que el agente queda omitido y no se explicita quién realiza la acción; construcciones con pasivas con se que permiten dejar indeterminado el responsable de la acción; el uso de participio con interpretación verbal que presenta los procesos como terminados y hacen hincapié en el resultado final, al mismo tiempo que elimina el proceso o desarrollo y permite la omisión del agente de la acción; y otra de las expresiones que dan cuenta de la impersonalidad son las construcciones de participio o pasivas con término entrecomillado.

Los comentarios denominativos de personalización son expresiones que manifiestan un mayor grado de subjetividad y, por ello, son de escasa frecuencia en los libros de texto. En este grupo de comentarios la autora analiza la primera persona del plural, específicamente el “nosotros de autor” y el “nosotros de condescendencia”; y la explicitación del agente de denominación, en el que el agente de la acción se identifica como diferente del sujeto pedagógico.

En el epílogo la autora realiza una reflexión final e integra los análisis realizados en los seis capítulos que constituyen el desarrollo del libro. Y a continuación incluye un apéndice con estrategias de facilitamiento y una propuesta pedagógica centrada en el discurso. Para realizar esta propuesta superadora a las prácticas contenidistas y de simplificación de los abordajes de la bibliografía, selecciona dos textos y promueve a través de las actividades iniciar a los alumnos en la comprensión de textos explicativos, haciendo foco en los modos de decir, en cómo se configura el texto y se construyen los sentidos. Esta propuesta de actividades desafía la labor que llevan a cabo los docentes de secundaria en las distintas materias, dado que plantea profundizar en el análisis de los textos a través de la reflexión lingüística y metalingüística, los usos de las comillas, los conectores, los discursos ajenos, la construcción de las definiciones y los recursos gráficos, por ejemplo: el uso de negritas.

La originalidad de este libro radica en la construcción del corpus, que abarca una selección de libros de texto correspondientes a la etapa comprendida entre 1960 y 2006, que no se limita al área de lengua y literatura, sino que aborda otras disciplinas como ciencias sociales y ciencias naturales. También el corpus es enriquecido por entrevistas realizadas a usuarios de los libros y profesionales de la edición, lo que incluye las distintas voces involucradas en la construcción y la circulación de los libros.

El principal aporte que realiza el libro consiste en sostener que las dificultades que surgen en los distintos niveles o la falta de herramientas de los estudiantes de nivel superior para reconocer la dimensión polémica y argumentativa pueden obedecer a las características que presentan los libros de texto, que constituyen en muchos casos el primer contacto de los estudiantes con materiales de estudio. En este sentido, la autora no se limita al análisis crítico de los materiales que fueron abordados en las aulas sino que además elabora una propuesta didáctica para el nivel secundario que promueva la reflexión lingüística y metalingüística, evitando caer en prácticas contenidistas que reproduzcan representaciones que se encuentran arraigadas en el sistema educativo, “de lo que el saber debe ser, de lo que la escuela debe enseñar y de cómo el alumno debe aprender” (p.219).

Por su cuestionamiento a la simplificación de contenidos en los libros de texto, la construcción discursiva de una aparente objetividad y las lecturas que promueven un único discurso correcto, Escritos para enseñar constituye un material valioso e imprescindible para los espacios de edición, de decisiones educativas y para los especialistas en educación e historia de la educación, así como también para trabajar con los docentes y los estudiantes en los institutos de formación y fomentar la reflexión sobre la práctica. Así, este libro abre nuevos interrogantes sobre el rol docente, la formación crítica y las concepciones de lo que es enseñar y aprender.

 

[1] Florencia Baez Damiano es Magíster en Análisis del Discurso por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Es docente e investigadora de la Universidad Nacional del Noroeste de la provincia de Buenos Aires (UNNOBA). Es autora del libro Historia de la literatura de Junín: 1895-1945 (La Plata, HCD, 2018). Actualmente investiga el estudio de la enseñanza de la lengua y la literatura.

0 comments on “TOSI, CAROLINA (2018). ESCRITOS PARA ENSEÑAR. LOS LIBROS DE TEXTO EN EL AULA.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: