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Tras el primer cuento escrito en lengua de señas uruguaya, la editorial Cosabuena lanza un concurso inédito.

Nota de La Diaria

24 de noviembre de 2021 · Escribe Rosanna Peveroni en Letras 4 minutos de lectura

Después de editar tres libros infantiles accesibles, que incluyeron cuentos originales de autores inéditos, impresos en tinta y braille y traducidos a lengua de señas uruguaya (LSU), Cosabuena se propone dar un paso más en su búsqueda por fomentar la creación de productos culturales accesibles: lanza un llamado para encontrar un autor que cree un cuento en LSU.

Por lo general, los textos en español son traducidos a LSU; en este caso se propone el camino inverso, es decir, traducir de LSU al español, en una apuesta por dar la oportunidad a los hablantes de LSU y de darle relevancia a esa lengua.

El plazo para presentar cuentos se extendió hasta el viernes 26 y el ganador recibirá un premio de 20.000 pesos, además de la publicación del cuento en la Colección Infantil Accesible de Cosabuena, que cuenta con el apoyo del Fondo de Innovación Inclusiva de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII). Las bases completas pueden encontrarse en https://cosabuena.uy/cosabuena-bases-para-llamado-a-autores-de-cuento-en-lsu/.

Un poco de historia

Este libro será el cuarto y el que dé cierre a la colección de libros accesibles que se inició con El gran secreto. En esta oportunidad se propuso que el cuento fuera creado originalmente en LSU para luego llevarlo al español y al braille.

Nadia Carreras, de Cosabuena, explicó sobre esta elección: “La LSU es una lengua local, reconocida como lengua oficial desde 2001 producto de una larga lucha de la comunidad sorda. Las personas sordas, sobre todo las que nacen con esa condición y crecen en el entorno de una familia que también es sorda, tienen muchas dificultades para aprender a leer y escribir el español; algunos lo logran y muy bien, pero es la minoría. Su lengua madre es la LSU. Por eso, cuando pensamos en darle accesibilidad a un contenido no lo solucionamos con un subtitulado o un audiovisual: necesariamente tiene que estar la lengua de señas, que es la reconocida y con la que se identifican las personas sordas”.

Y ahondó en el asunto: “Creo que la base para entender eso es pensar en cómo funcionan la oralidad y la lectoescritura y en cómo aprendemos a leer: le asignamos un sonido a cada letra, después unimos las palabras y con las palabras hacemos oraciones. Son una suma de sonidos y nosotros aprendemos escuchándonos y escuchando a otro. Cuando la persona no escucha es mucho más difícil darle un sentido a ese dibujo, a ese grafema, a esa letra”.

Además, Carrera reflexionó sobre ciertas particularidades de la traducción: “En los tres libros anteriores lo que hicimos fue interpretar esa historia y la pasamos a lengua de señas. Una dupla compuesta por una intérprete oyente y una persona sorda trabaja la historia y la adapta, hace la interpretación de esa historia a LSU. La persona sorda que trabaja en nuestros cuentos es docente de LSU y es narradora de cuentos para niños, por lo tanto creo que aportamos un valor en que la interpretación sea bien adaptada y justa para el público infantil. Lo que se hace no es una traducción literal sino un análisis del contenido, y en general al traducir a LSU se pierde mucho de la parte más poética o más metafórica”.

Con este llamado se plantearon por qué no proceder de forma inversa: “Nos pareció que era una manera de llevar a la práctica algo que en nuestro discurso está muy presente: la equidad en las oportunidades”.

Más allá de los libros

En Cosabuena, Carreras y Javier Castro desarrollan un proyecto de largo aliento que tiene como eje la accesibilidad y la inclusión de las personas con discapacidades, del que estas publicaciones son sólo una parte.

“Acompañamos a las organizaciones que quieren hacer mejoras en términos de accesibilidad. La primera barrera, que parece la más sutil y termina siendo determinante para que todos los demás cambios ocurran, es la actitudinal, la que tiene que ver con nuestras barreras internas, los miedos, las inseguridades, el miedo a equivocarnos. La discapacidad es un tema muy sensible, entonces es natural que tengamos miedo a hacer mal las cosas, a usar mal los conceptos. Damos talleres que sirven para tener un mismo punto de partida. En esos intercambios encontramos que hay muchas ganas de saber, mucha buena voluntad, mucho interés en el tema, pero en realidad nos encontramos con profesionales muy parecidos a nosotros cuando egresamos y, en realidad, no teníamos mucho conocimiento de lo que era la accesibilidad, porque no hay una formación al respecto”, comentó Carrera.

“En paralelo y a la vez, trabajamos en proyectos educativos y culturales para que a largo plazo las organizaciones ya no nos necesiten. Bromeamos con que trabajamos para dejar de existir”, agregó.

“Necesitamos naturalizar que somos diferentes y necesitamos distintos caminos para llegar a los mismos entornos o al mismo contenido. Y entonces vuelvo al inicio: nos interesa que el niño desde su escolarización empiece a encontrarse con algunas herramientas para la accesibilidad, como el braille, un audiolibro, la lengua de señas, etcétera. Hay un montón de herramientas que uno puede sumar para que el contenido sea más atractivo aunque no tengas discapacidad y que van a ser determinantes para un grupo de personas que de otra manera no pueden acceder. Con los libros vemos una oportunidad para dejar plantada esta semillita que, por supuesto, hay que ir cuidando, hay que ir regando y nutriendo para que crezca la plantita y se transforme en un árbol grande y fuerte. O sea que el profesional que egresa tenga incorporados estos conceptos, pero para eso hay que empezar desde educación inicial, continuar en primaria y fortalecerlo en secundaria y a nivel terciario”.

Dos cuentos con La Mochila

Con apoyo de los Fondos Concursables para la Cultura que otorga el Ministerio de Educación y Cultura, Cosabuena trabajó en conjunto con Ediciones de la Banda Oriental para publicar y distribuir dos cuentos que incluyen la versión en braille y en audiolibro subtitulado y en lengua de señas (al que se accede mediante un código QR). Este acuerdo les permite que reciban los libros los aproximadamente 4.000 suscriptores de la revista, distribuidos en todo el país.

Javier Castro contó a la diaria que “muchos de los suscriptores son maestras y maestros que nosotros esperamos que lo utilicen para llevarlo a la escuela, para mostrarles a los niños el braille, que puedan acceder a través del código QR al audiovisual por lengua de señas, en fin, que puedan hablar de ese tema en su clase, en cualquier clase”. “Distribuiremos los libros a través de La Mochila; ellos nos abrieron las puertas rápidamente, tanto Alcides Abella como Silvia Soler. El primero es El picaflor, un cuento de Julio César da Rosa que fue distribuido con la edición de noviembre; el segundo es A la mancha, un poema de Fernán Silva Valdés, que llegará a los suscriptores con la edición de La Mochila de marzo del año que viene”, detalló.

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