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Lo que pasó en el Taco Bell de Hialeah destapa una caja de Pandora en el sur de la Florida

Una empleada de un Taco Bell en Hialeah se negó a tomar el pedido de una mujer que no hablaba español argumentando que en ese establecimiento nadie hablaba inglés.

 

elnuevoherald.com

El reciente incidente en un Taco Bell de Hialeah donde una empleada se negó a tomar un pedido alegando que no entendía a la clienta porque esta no hablaba español, ha generado controversia sobre el lenguaje y la identidad en el sur de la Florida.

Tras la publicación del video en el que se observa cómo la empleada rechaza la orden y dice que en Hialeah se debe hablar español, decenas de lectores enviaron sus comentarios a el Nuevo Herald.

“Eso no ocurre solamente en Hialeah sino en muchas ciudades de Estados Unidos”, dijo uno de los lectores. “Es un gran problema. Los inmigrantes ya no quieren asimilarse a Estados Unidos”.

Para otro se trata solamente de una discusión sin sentido: “Está claro que ambas se entendían, pero no querían ayudarse,” dijo del incidente. ”La empleada no quiso hacer su trabajo y la cliente buscaba publicidad”.

¿Deben los inmigrantes asimilarse a la cultura estadounidense? ¿Debemos asumir que somos una sociedad multicultural? Estas son algunas de las preguntas que han surgido tras el escándalo.

“El idioma, para cualquier persona, toca profundamente la identidad. No tomar un pedido en inglés o decirle a otra persona que no puede hablar español es potencialmente discriminatorio”, explicó Sally Hughes, experta en temas latinoamericanos y profesora de la Universidad de Miami, en referencia al incidente. “Acciones como esta crean una reacción emocional muy fuerte que no es saludable para nuestra comunidad”.

El debate sobre el uso de otros idiomas, fundamentalmente el español, no es nuevo en el sur de la Florida.

Los primeros encontronazos de los hispanoparlantes en Miami ocurrieron con la llegada masiva de miles de cubanos que huían del régimen instaurado en la isla por Fidel Castro en 1959. Según Leonel Antonio de la Cuesta, doctor en ciencias políticas fallecido recientemente, se trataba de una lucha “por el dominio étnico, la supremacía cultural y, en parte, el poder económico”.

“Los negocios hispanos ofrecían una feroz competencia y, por otra parte, era irritante para estos anglohablantes tener que manejar el español para conseguir un buen puesto de trabajo en la mayoría de los casos”, dijo de la Cuesta.

En 1973 Miami-Dade aprobó una resolución que establecía el bilingüismo y el biculturalismo en el Condado. Para ese entonces los hispanos comprendían casi el 25 por ciento de la población del Gran Miami.

Pero en 1980 el sur de Florida se enfrentó al éxodo de Mariel y la demografía de la región cambió para siempre. Fidel Castro permitió que más de 125,000 cubanos se fueran del país. Casi todos se refugiaron en Miami. Ante la abrumadora cantidad de hispanos, los residentes del Condado impulsaron una política conocida como English Only, que buscaba eliminar el bilingüismo y asimilar a la población migrante que hablaba otros idiomas.

Como parte de la política de English Only, los trámites relacionados con el gobierno local debían ser solo en inglés.

No fue hasta 1993 que el Condado retomó el bilingüismo y el biculturalismo como su política oficial.

“Esta es una comunidad con muchos idiomas, no solo español e inglés. Hay una comunidad importante de emigrantes haitianos, de brasileños. Creo que la gente tiene que tener un poco más de paciencia y empatía”, dijo Hughes.

“Yo me hice bilingüe porque quería comunicarme con otras personas. Me ha dado muchas ventajas, no solamente económicas, sino que me ha ayudado a crecer como persona”, agregó la profesora, quien aprendió a hablar español.

Sin embargo, muchos no están de acuerdo con Hughes.

“Pienso que si vas a vivir en una casa ajena, tú eres quien tienes que acostumbrarte a las reglas de la casa, no venir a imponer las tuyas. Muchos inmigrantes llegan a Estados Unidos y quieren repetir aquí el desastre que dejaron en sus países, importando la cultura y los malos hábitos. Si quieren vivir en América, que aprendan inglés”, dice Enrique Pena, un cubanoamericano que llegó a Estados Unidos en los vuelos de la libertad a principios de la década del 70.

En Estados Unidos viven más de 55 millones de hispanos, de los cuales 4.4 millones residen en Florida, según el Pew Research Center. El mayor porcentaje de hispanos lo tiene Miami, con un 64 por ciento de su población. El censo oficial proyecta que la población hispana en Estados Unidos superará los 70 millones en 2025 y crecerá un 85 por ciento para 2050.

Adriana Ferrer, una mexicana de 56 años que vive en Homestead, lamenta que el bilingüismo del Condado no tenga un impacto directo en los prejuicios de la gente. “Tengo cuatro nietos que van a la escuela. En la casa muchas veces no quieren hablar español porque en la escuela los otros niños se burlan de su acento”, dijo.

Ferrer no habla inglés. Llegó a Estados Unidos hace 21 años, pero para ella la vida en el sur de la Florida ha sido solamente “trabajar” sin posibilidades de estudio.

“Siempre es duro para los que llegamos, porque somos los que tenemos que hacer por los que vienen detrás. Mis nietos ya son nacidos aquí. Ellos sí tienen un futuro. Nosotros [lo que tenemos es] puro campo y tomate”, agregó.

Ferrer dijo que le gustaría que, al menos en Miami-Dade, se tuviera en cuenta a toda la población latina y no solamente a los cubanos. “Los cubanos siempre han tenido privilegios. Entran legales, reciben ayuda del gobierno para aprender inglés, pero el resto de los latinos no”, dijo.

Para Erika Vela, quien llegó de Cuba hace tres años, el programa de aprendizaje de inglés que le ofreció la oficina de refugiados marcó una diferencia en su vida. “Yo vivo en Hialeah. Aquí la mayoría de la gente habla español, pero no por eso iba a perder esa oportunidad”, dijo.

Hialeah es conocida por su amplia población de hispanos. Es común caminar por las calles y encontrarse anuncios en español e inglés, o solamente en español. Se estima que más del 94 por ciento de los residentes de la ciudad son latinos, según datos oficiales. Algo parecido ocurre en Doral, otra ciudad contigua a Miami que se ha convertido en refugio para miles de venezolanos que escapan del chavismo, y en Homestead, con una amplia población de centroamericanos y mexicanos.

Vela, quien cursa el quinto nivel en el programa para aprender inglés “Saves”, tiene planes de ingresar en la Universidad Internacional de la Florida (FIU) para hacer una licenciatura.

“En Miami los latinos somos mayoría, pero no por eso debemos imponernos a las demás comunidades. Creo que lo que ha hecho grande a este país es que los inmigrantes aportan sus ganas de trabajar y de sacrificio”, dijo.

 

POR MARIO J. PENTÓN

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