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EN BOCA DE TODES

Cada vez más universidades reglamentan o permiten el uso del lenguaje inclusivo o no sexista tanto para trabajos prácticos, monografías y tesis de grado como para sus comunicaciones institucionales. La reglamentación le da un marco a lo que ya ocurría de hecho.

 

pagina12.com.ar

Por Eugenia Muzio

El cambio de la vocal “o” por la “e” o la “x” en los pronombres personales genera desde incomodidad hasta rechazo para quienes no reflexionan sobre la perspectiva de género e incluso para quienes sí lo hacen, pero aún no ahondaron en lo más estructural de las construcciones culturales: el lenguaje. Cuando se le preguntó a la Real Academia Española (RAE) por la aceptación del lenguaje inclusivo en su consultadísimo listado de vocabulario “correcto” la respuesta fue “no hablamos así”. Pero el estudiantado de varias universidades nacionales argentinas dijo que sí, ya “hablaban así”.

Esas casas de estudio le dieron la espalda a la RAE: ya son 10 las que reglamentaron o permiten de hecho el uso del lenguaje inclusivo o no sexista tanto para trabajos prácticos, monografías y tesis de grado o posgrado como para comunicaciones institucionales, en algunos casos. En varios, la iniciativa surgió de parte del alumnado que exigía “sentirse representado”; en otros, el mismo equipo docente y no docente hizo consciente la necesidad de generar la contención necesaria para la libertad de derechos.

“El ámbito universitario es, esencialmente, un espacio de debate de ideas. Por lo tanto, el tema lenguaje inclusivo nos ha abierto un abanico de oportunidades para la discusión. Los cambios lingüísticos se advierten cuando ya se han consumado”, consideró Angelita Martínez, investigadora y profesora de lingüistica de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP); cuna del primer Congreso de Lenguaje Inclusivo que se realizó en el país donde fue disertante y cuya Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales aprobó en 2017 el uso de los morfemas “e”, “x” o “@” tanto para la escritura como para la oralidad.

El mismo año pero meses atrás, la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) introdujo el lenguaje no sexista en su estatuto a través de la incorporación de la “perspectiva de género y erradicación de violencias directas e indirectas de género”. Sus comunicaciones institucionales buscan la forma de no referirse sólo al masculino, sino utilizar otras posibilidades dentro de la estructura. Por ejemplo, en vez de “alumnos”, se refieren a “el estudiantado”.

Algo parecido sucedió en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) en septiembre de 2019 cuando se aprobó un “manual de recomendaciones” del uso de lenguaje sin estereotipos de género. Según contó Thiago Galván, consiliario estudiantil por Estudiantes por la Universidad Pública, al suplemento Universidad de Página/12, la iniciativa, que busca llegar además del Consejo Académico a todas las dependencias de la casa de estudios, apunta a la utilización no sexista de las estructuras “formales”.

“También nos gustaría que cualquier estudiante que quiera redactar su trabajo en inclusivo, porque se siente representade o porque se refiere a un colectivo que excede lo binarie, lo pueda hacer. El discurso crea realidades constantemente y queremos traer al centro esas que siempre han estado en los márgenes para poder visibilizar este tipo de demadas que no suelen aparecer en la esfera de lo público y político, pero que sí son reclamos ya construidos”, consideró.

Es que el hilo conductor que llevó a las instituciones educativas a incorporar lenguaje no excluyente fue ese: su ya instalada utilización y la sensibilización a un paradigma de cuestionamiento de los estereotipos de género a la que la sociedad avanza y abraza. “Los cambios comienzan a partir de necesidades comunicativas de los hablantes frente a hechos de la realidad. El empleo del lenguaje inclusivo será importante en tanto los usuarios consideren que lo necesitan para llenar un vacío comunicativo”, analizó Martínez.

La “e” o la “x” son las variantes que más encuentran resistencia o incomodidad. Incluso de los propios hablantes del inclusivo. Según analizó Martínez, el uso de la “o” y la “e” varían “de acuerdo al tema del que se esté hablando o escribiendo” y esto demuestra que “el sistema se hace más complejo y le ofrece al hablante remitir la visibilización de la mujer así como a distinciones de género no binarias”.

El rechazo total tiene que ver con la “conceptualización errónea” del lenguaje en general, evaluó la investigadora. “Quienes consideran que el lenguaje es un conjunto de reglas innatas, obligatorias u optativas, ven esa matriz de cambio como un atentado a la configuración que han recibido y que consideran intocable. La gente, en general, ha adquirido esa perspectiva y ha sacralizado al lenguaje e incluso lo ha tornado un instrumento de discriminación”, explicó.

En la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO) la resistencia es poca. Así lo afirmó la directora de la carrera de Comunicación, Eva Rodríguez Agüero, tras asegurar que el cuerpo docente “cuenta con una alta trayectoria de activismo y perspectiva de género”, por lo que ya hace algunos años la utilización del lenguaje inclusivo es una cuestión “de hecho” y hoy trabajan en una normativa general.

En este marco, la titular advirtió que el lenguaje “cumple una función a partir de la cual se somete a los sujetos a sus reglas y construye una visión del mundo relacionada a lo masculino y heterosexual. Tiene inscritas las marcas de dominación y ahí radica la importancia de su utilización en universidades: nos invita a cuestionar esa mirada binarie”.

La “transversalidad” de las temáticas de género es el objetivo al que apunta la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) que recientemente aprobó tanto en lo institucional como en las producciones académicas la utilización voluntaria de la “e” y la “x”. Florencia Rovetto, la primera secretaria de Género y Sexualidades de una casa de estudios del país, explicó que la iniciativa se trabajó desde todas las áreas con el fin de “elaborar una normativa que entienda que no se puede normalizar el lenguaje y que interpele las formas normadas androgénicas, binarias y heterosexuales del ordenamiento social”.

“La demanda surgió de toda la comunidad. Desde abajo ya había un uso libre y natural. La reglamentación lo que otorga es una protección de lo que ya estaba pasando y resalta la idea de que todes estamos incluides, y que la comunicación no está sólo dirigida al masculino”, contó en diálogo con este medio.

Por su prestigio, cantidad de inscriptos, trayectoria y amplitud, la inclusión de las formas no sexistas del lenguaje en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) no pasó desapercibida. La decisión aprobada por el Consejo Directivo el 2 de julio pasado validó el inclusivo en “cualquiera de sus modalidades como recurso válido en las producciones realizadas por estudiantes de grado y posgrado”.

Según Luciano Nosetto, politólogo y subsecretario del Doctorado en Ciencias Sociales, la inquietud “surgió de los alumnos” pero ya desde hace años se usaba el desdoblamiento del “todos” y “todas” y luego los morfemas “x”, “e” y “@” se hicieron comunes. “Nos sorprende la extensión y conciencia respecto a lo excluyentes que son las prácticas de lenguaje que tenemos naturalizadas. No le veo límites a aprobaciones de otras facultades mientras sea con el espíritu de la hospitalidad institucional”, consideró.

En la costa bonaerense, la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP) también institucionalizó el lenguaje no excluyente en comunicaciones y sumó una guía de recomendaciones de uso no discriminatorio. En el sur, la Universidad Nacional Patagonia San Juan de Bosco (UNPSJB) es otra de las adherentes así como también la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) y la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS).

Tal como analizó la investigadora lingüistica Angelita Martínez, los pasillos de estas casas de estudios la lengua toma su dimensión “dinámica” y está “viva”, porque se reconstruye y deconstruye al “ritmo de las necesidades comunicativas de los hablantes”. Sin embargo, para que los cambios se cristalicen, “se necesita de la receptividad y de la apropiación de las formas innovadoras por parte de la comunidad del habla”. No es una imposición, ni una deformación, “los usuarios del lenguaje son los verdaderos dueños del instrumento comunicativo”.

 

 

 

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