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Santiago Muñoz Machado: “Hemos regulado el lenguaje humano 300 años. Ahora hay que evitar que las máquinas se desmadren”

A punto de cumplir un año como director de la Real Academia Española, Santiago Muñoz Machado tiene mucho que hacer y que contar. Ultima los preparativos del XVI Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española que se celebrará en Sevilla del 4 al 8 de noviembre, publica un nuevo libro, ‘Civilizar o exterminar a los bárbaros’ (Crítica), y explica cómo ha conseguido encauzar las cuentas de la RAE. En el horizonte, el cuidado del español en el campo de la Inteligencia Artificial

 

elcultural.com

Por FERNANDO DÍAZ DE QUIJANO

De abrir la mano para mendigar a apretar el puño para enseñar músculo. Así ha sido la transformación de la RAE en los primeros meses con Santiago Muñoz Machado (Pozoblanco, Córdoba, 1949) al frente. El nuevo director ha encadenado una reunión tras otra, convenciendo a políticos y empresarios de la importancia de la tricentenaria institución. Fruto de esa labor llegó en abril, como agua de mayo, una inyección de cinco millones de euros del Gobierno, aportación que se ha prorrogado para otros tres años. Asegurado el funcionamiento básico de la casa, la Academia mira al frente con un nuevo programa cultural para abrirse al público y en breve celebrará en Sevilla, junto a las demás academias hermanas, el XVI Congreso de ASALE. La apuesta personal del jurista y académico es un proyecto para educar a las máquinas, para el que también ha conseguido el apoyo de los gigantes del sector tecnológico. Con todo, su apretada agenda le ha dejado tiempo para escribir un nuevo libro, Civilizar o exterminar a los bárbaros, que publica Crítica dentro de unos días y en el que compara las ideas con las que se justificó la colonización de América por parte de España e Inglaterra. Para hablar de todo ello, Muñoz Machado recibe a El Cultural en su despacho de la Academia.

Pregunta. El quinto centenario de la llegada de Hernán Cortés a México y varias publicaciones han avivado el debate sobre la leyenda negra española. ¿Qué aporta su nuevo libro?

Respuesta. Siempre se ha hablado de la brutalidad de la colonización española de América, mientras que de la conquista anglosajona ha imperado una visión idílica que no se rompió hasta los años 70 del siglo pasado. En el plano teórico, la principal diferencia reside en que nosotros fuimos a América a evangelizar, ya que fue la condición exigida por la bula papal que concedió las nuevas tierras a España. Esa voluntad de evangelización llevó aparejada una voluntad de integración, de trasladar a América y sus gentes la cultura, el pensamiento, la industria y el comercio europeos, respetando al mismo tiempo lo autóctono. No se puede decir que no hubiera matanza de indios, pero la mayoría de los que murieron perdieron la vida en el fragor de las epidemias, no de las batallas.

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«La RAE no es una institución del estado pero lo que hace es estado. No puede ser una entidad mendicante»

P. ¿Cómo discutieron los intelectuales de entonces la colonización de América?

R. En España se habló con mucha libertad de las barbaridades que se estaban produciendo y de los argumentos en que nos basábamos para estar en América. Ese debate empieza con las lecciones del padre Francisco de Vitoria, que fueron claves en la formación de una filosofía de la conquista y del derecho internacional, y no las del padre Bartolomé de las Casas, que hizo mucho daño a España y lo sigue haciendo con un panfleto que escribió principalmente para asustar a Carlos V.

P. ¿Cuál es la diferencia ideológica con la colonización inglesa de Norteamérica?

R. No tenían ningún deseo de evangelización ni integración. Los ingleses llegaron allí ocupando las tierras o comprándolas y si los indios se oponían los mataban. Hubo dos tendencias para justificar esto teóricamente: una decía que tiene derecho a ocupar la tierra el primero que la descubre, y para eso tuvieron que inventarse un descubridor anterior a los españoles, el príncipe Madoc. Más tarde John Locke establece que la tierra es de quien la trabaja, de modo que aquellos indios no podían ser sus propietarios.

P. ¿Por qué los británicos no han tenido que enfrentarse a una leyenda negra?

R. Es cierto que los primeros 60 años de la colonización española fueron los peores. Murieron muchos indígenas, había una desorientación inmensa acerca de qué hacer con ellos y las regulaciones eran muy difíciles de aplicar por la lejanía de la metrópoli. Los anglosajones acusaban a los españoles de haber sido muy crueles, y cuando ellos llegaron a América un siglo más tarde se consideraban unos pobres colonos que solo querían cultivar la tierra. De hecho los llamaban planters, un término más suave que colono.

A Muñoz Machado siempre le ha interesado el choque de civilizaciones y el legado español en América. Hace dos años trató el asunto desde la perspectiva lingüística en Hablamos la misma lengua y también es autor de una biografía de Juan Ginés de Sepúlveda, adversario de Bartolomé de las Casas, al que también dedicó su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. “He dedicado a este libro toda mi vida y me he divertido mucho haciéndolo”, asegura.

Exhibición de músculo

El otro proyecto que ha acaparado últimamente la atención de Muñoz Machado es el congreso de las 23 academias del español (a falta de que se integre la recién creada del judeoespañol) que se celebrará en Sevilla en noviembre. Un encuentro al que se ha añadido una agenda cultural de gran calibre. “Queremos enseñar un poco de músculo, que la gente sepa lo importante que son la RAE y la ASALE. 580 millones de personas se dejan gobernar por nosotros porque creen en la calidad de lo que hacemos”.

P. ¿De qué se va a hablar en las reuniones de Sevilla?

R. Vamos a discutir sobre la 24.ª edición del diccionario. Antes contenía lo que cabe dentro del lomo que pueden coser las máquinas de los impresores. Ahora que esas costuras se han roto con lo digital, el diccionario puede aspirar a ser más grande. Tenemos 93.000 entradas pero podemos llegar a 150.000. También vamos a debatir sobre las segundas ediciones de la Gramática y del Diccionario Panhispánico de Dudas y sobre cómo estar más presentes en las redes. Todo lo que sea lengua nos concernirá en el futuro, de modo que no habrá ni un hueco en el que no estemos presentes. Y en este objetivo sitúo mi proyecto estrella, Lengua e inteligencia artificial.

P. ¿En qué consiste?

R. Así como hemos educado y regulado con éxito durante 300 años la lengua de los humanos, queremos también que las máquinas no se desmadren y hablen un buen castellano.

P. ¿Cómo lo van a conseguir?

R. Convenciendo a todas las tecnológicas de que usen las herramientas de la Academia para entrenar a sus máquinas. Ya lo han aceptado y en Sevilla vamos a firmar un acuerdo con Telefónica, Microsoft, Google, Amazon, Twitter…

P. ¿Dónde ve el peligro de este “desmadre”?

R. Por ejemplo, cuando un corrector ortográfico subraya una palabra, los usuarios tienden a eliminarla, y esa eliminación se hace viral. Así han desaparecido del uso 9.000 palabras. Se las comen las máquinas. Y qué decir de las traducciones automáticas.

El congreso de Sevilla concluirá con la presentación de este plan para supervisar el lenguaje de las inteligencias artificiales y la de una nueva colección de las obras completas de Cervantes, “nunca antes editadas con este nivel de calidad, erudición y aparato crítico”, asegura Muñoz Machado. Dos proyectos que “enmarcan muy bien lo que la Academia ha sido siempre y lo que quiere ser en el futuro”.

P. Además del programa cultural del congreso, la RAE ha presentado otro plan de actividades para abrir su sede al público. ¿Qué persigue con esto?

R. La misión de la RAE es ocuparse de la lengua pero también de la conservación de las grandes obras de nuestra cultura literaria. Este plan incide en esa idea fundacional permitiendo que el pueblo se acerque más a nosotros. Queremos convertirnos en un foco cultural.

«Ahora que las costuras se rompen con lo digital, el Diccionario puede ser más grande. Tenemos 93.000 entradas. Podemos llegar a 150.000»

P. En unas pocas semanas se cumple el plazo que se concedió cuando fue elegido director de la RAE para enderezar las cuentas. ¿Qué tal van?

R. Es probable que por esa razón no tenga que dimitir. Me prometí hacerlo en un año y las cuentas van bien encauzadas. Me alegra decirlo porque estuvimos en un momento muy delicado. Los gobiernos de la nación tienen que apoyar a la RAE porque es la institución cultural más importante de España, ya que maneja el bien cultural más importante que tenemos, que es la lengua. Además, con las academias compañeras administramos los intereses lingüísticos de casi 600 millones de personas en el mundo y tenemos una potencia diplomática extraordinaria. La RAE no es una institución del Estado pero lo que hace es Estado. Tiene que mantener su independencia y no puede ser una entidad mendicante. Afortunadamente el Gobierno de la nación lo entendió y nos ha ayudado. Ahora nuestros gastos de funcionamiento están asegurados; no así los de los proyectos, esa parte la confío al mecenazgo y al patrocinio de entidades empresariales, y en el tiempo que llevo aquí no me puedo quejar de la respuesta.

El futuro de la RAE, a salvo

P. ¿Ha peligrado la supervivencia de la RAE?

R. No. Hace poco un académico muy relevante dijo en el pleno que había pasado miedo, pero la RAE tiene 300 años de antigüedad y está muy consolidada. Habríamos sobrevivido, aunque pasándolo muy mal si hubieran seguido las cosas así. Habríamos tenido que hacer reformas muy profundas, y los que más lo habrían padecido son los 85 trabajadores de la casa.

P. ¿Nuestro idioma está fuera de todo peligro? ¿El número de hablantes es sinónimo de buena salud?

R. Yo creo que sí, pero no hay que despistarse. El español está creciendo año a año y Estados Unidos va camino de convertirse en bilingüe. Algún ilustre académico dice que ni siquiera padecemos el riesgo de desunión, que la unidad de nuestra lengua es muy grande, pero yo no veo claro que esto siga siendo así si no estamos atentos.

P. ¿El español también necesita ser defendido dentro de España?

R. Me gusta mucho el carácter plurilingüe de este país. Bien entendido es una riqueza extraordinaria; mal entendido es un elemento nacionalista, populista y supremacista, que es en lo que se ha convertido lamentablemente el catalán para unas minorías catalanas. Un Estado unitario debe tener políticas de mantenimiento y defensa del idioma común en todos sus territorios porque eso nos pone a todos en el mismo plano de igualdad.

«Han desaparecido del uso 9.000 palabras del Diccionario de la RAE. Se las comen las máquinas»

P. ¿El Estado está garantizando esa defensa?

R. No. Al Estado le han cogido la mano en este asunto. No se han hecho políticas distintas de las autonómicas, que han puesto demasiado énfasis en la imposición de su propia lengua. Hay que procurar que eso no conduzca a una marginación de la lengua común.

El lenguaje inclusivo también se ha convertido en un asunto político relevante. A petición del Gobierno, la RAE redactó un informe con recomendaciones en esta materia para una hipotética reforma de la Constitución. El documento ha quedado en un cajón “porque la posibilidad de esa reforma constitucional se ha evaporado”, explica Muñoz Machado.

P. Muchas instituciones culturales están haciendo autoexamen con una mirada más feminista. ¿El diccionario también lo necesita?

R. La RAE no es una fábrica de palabras, sino notaria del lenguaje de su tiempo. Para que un término entre en el diccionario primero se determina la dimensión de su uso y lo mismo pasará con algunos aspectos del lenguaje inclusivo. Aquí decimos que el masculino es inclusivo y en general repudiamos los desdoblamientos, pero hay algunos que cada vez se emplean más.

P. Ya hay quien emplea el femenino genérico. ¿Qué opina?

R. Sí, hay gente que lo usa. El “Unidas Podemos”, por ejemplo. Suena muy extravagante. El femenino no es inclusivo, pero el masculino sí comprende al femenino. No obstante, si cada vez más ciudadanos deciden utilizar el femenino genérico la Academia tendrá que pronunciarse.

P. ¿La RAE va a nombrar más académicas para corregir la disparidad de género?

R. Siempre que hay una vacante, la Academia piensa si hay una mujer que la pudiera ocupar. Luego se puede cruzar el hecho de encontrar personajes más idóneos para el tipo de plaza o para lo que la RAE necesita en cada momento, pero nuestra voluntad es que más pronto que tarde haya una equiparación de género. Es un sentimiento serio y compartido por los académicos.

 

 

 

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